6.09.2009

Sexo, mentiras y TV por cable

Las tetas de Jenny Agutter
En Fuga en el siglo XXIII (Logan´s Run) se ven brevemente las tetas de Jenny Agutter. Ahora no significa demasiado, pero que pasaran eso por televisión en la Argentina de principios de los ´80 fue una revolución. Y no sólo para mi, que no se si llegaba a tener 10 años y poca experiencia en el tema, sino para varios adultos que comentaron el asunto durante días. La noticia era impactante: que se mostrara una teta en la TV, implicaba que estaba cayendo una de las censuras mas violentas de la historia de la cultura occidental.

El fin de la censura pública
El Ente de Calificación Cinematográfica era una dependencia oficial que desde 1974 (con Miguel Tato, en la dudosa era democrática de Isabelita y López Rega) emprendió una concienzuda y sistemática secuencia de prohibiciones de películas. Desde ese año hasta 1983 se prohibieron unas 700 cintas ya sea por motivos religiosos, políticos, de género (es notable la persecución al cine fantástico y al de artes marciales) y –la madre de todos los males, parece– sexuales.

Los cortes son imposibles de contabilizar, pero eran muy específicos. A fines de los ´70 empezó a salir la polémica y perseguida revista Humor , donde Anibal Vinelli mantenía la sección Cortes & Confesión, donde censaba las diferencias entre la duración de una película al ser estrenada localmente y su duración original. ¡Se vieron películas con más de 20 minutos recortados!

Un caso muy comentado fue el de El Resplandor de Stanley Kubrick. Hubo una escena cuestionada por el Ente de Calificación donde una mujer salía caminando desnuda de una bañera. Kubrick tenía una acuerdo con la distribuidora: o la película se da completa o no se proyecta. La solución fue poner unas manchas verdosas nublando las partes intimas de la mujer.

Con la vuelta de la democracia, se tiraron abajo esas leyes prohibicionistas, creando una de las legislaciones mas avanzadas del mundo en clasificación cinematográfica. Entre otras cosas, se impedía explícitamente a la nueva Comisión de Calificaciones realizar prohibiciones de películas o cortes de escenas.

25 años después...
Haciendo zapping caigo en el canal de cable The Film Zone donde dan la decepcionante película Bean (el lamentable primer paso cinematográfico del gran personaje de Rowan Atkinson). Justo estaba en una escena donde un experto en ventas le muestra al representante de una galería de arte la línea de merchandising relacionado con la exposición del cuadro Whistler's Mother, incluyendo una versión “popular”: una pintura donde se reemplaza a la fea vieja del cuadro –que esta sentada, de perfil– por una joven, sentada en la misma posición, pero desnuda, a la que apenas se le adivina un pecho.

El asunto es que los señores de The Film Zone descubrieron que eso podía perturbarme, así que aplicaron una mancha borrosa en el lugar donde supuestamente habría un pecho. ¿Se entiende? Borraron una teta que se ve de perfil, en un óleo, brevemente y de lejos.

Pero no me sorprendió, este tipo de blureado es generalizado y sistemático. Y no se eliminan solo atributos sexuales, sino también cosas como manitos alzadas con el gestito fuck you. Son muy comunes, pero mas difíciles de detectar, los cortes de plano a toda una escena. Y también son norma los cortes de sonido o pitidos cuando los actores mueven los labios como para putear. Usuarios los han detectado también en señales como MGM, I-Sat, Hallmark Channel, Space y TNT.

El hecho no es sólo cuestionable por razones artísticas (en el caso que menciono desactivaron un chiste y, en general, modifican el sentido de las obras), morales (la censura es, en si misma, inmoral) o ideológicas (hay una grado muy alto de perversión en pensar que un cuadro con una teta puede afectar a alguien). Fundamentalmente la jodita es cuestionable porque, en Argentina, cortar o modificar películas es ilegal y sancionado con multa.

Al sufrir una censura tan violenta en los ´70, con el resurgir de la democracia se impuso, como decía, una legislación de avanzada. Se disolvió el Ente y se creó una Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas (CAEC) que no prohíbe ni corta, sino que sólo especifica franjas etarias para poder ver una película. (Apta para todo publico, Solo apta para mayores de 13, 16 o 18 años, o de exhibición condicionada). Fue tan tajante el rechazo a la censura, que se cambió la tradicional etiqueta de “Prohibido para menores de...” por la mas amigable “Solo apta para mayores de...”. Una nimiedad simbólicamente significativa.

Pero al hablar de le televisación de películas, lamentablemente una ley tan progresista como ésta, choca con otra sumamente retrógrada como es la tan mentada Ley de Radiodifusión, vigente desde los tiempos de la dictadura, la cual establece que sólo son televisables las películas hasta la categoría SAM 16. Una película apta para 18 tiene tajantemente prohibida su pasada por TV. Si se cumpliera esta ley, no podríamos ver nunca en la pantalla chica películas con tanta violencia como Irreversible, con tanto sexo como Batalla en el cielo o con tantos... policías mecánicos descompuestos como Robocop II (si, las tres no son aptas para menores de 18... el debate sobre la pertinencia de las calificaciones lo haremos en otra parte). Paralelamente no se puede proyectar una película SAM 13 o SAM16 antes de las 22 horas, por el famosos horario de protección al menor. (nota al margen: el discutido nuevo proyecto de ley de medios audiovisuales propone una franja horaria –de 00 a 06 horas– para las películas SAM 18, cosa que suena razonable. Lo que no suena bien es limitar a SAM 13 el horario de 22 a 24, lo que dejaría afuera de ese horario a películas tan “peligrosas” como X-Men Origenes).

Censurada privada
Pero el decreto 828/84 no solo determina que la CAEC no puede efectuar ni exigir ningún corte, sino que ni los mismos distribuidores pueden hacerlo. El artículo 8 dice textualmente “Los productores, distribuidores o exhibidores no podrán efectuar cortes o modificaciones al material sin una autorización fehaciente de quien posea los derechos intelectuales”. Por su parte el decreto 734/90 fija, para el que específicamente viole ese ítem, una multa de... (música de suspenso) ... ¡12 millones de australes!

Puede ser que estos canales cuenten una autorización fehaciente para esconder pechos en todas sus proyecciones. No lo se, pero viendo los antecedentes, lo dudo. Hace una década Eliseo Subiela hizo una denuncia pública “hace unos días contemplé cómo la cadena TNT había compaginado una nueva y cercenada versión de mi filme Despabílate amor. Colaboradores técnicos de la película y yo, detectamos no menos de 10 cortes a lo largo de la proyección”. Evidentemente, TNT no tenía la fehaciente autorización del tipo.

Pero aunque tuvieran permiso para amasijar tetas, no podrían emitir el film con cortes, ya que según el artículo 9º del decreto 828/84, cualquier película modificada –aún con autorización– necesariamente debe ser recalificada. Esto es lógico, la CEAC no sólo pone franjas de edades por cantidad de tetas o puteadas (lo único que eliminan estos nuevos censores privados) sino por temas, situaciones, niveles de violencia, etc.

¿Qué hace el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) en relación a estas violaciones a las regulaciones sobre calificación y censura? Los tipos asumieron una interpretación parcial, sesgada y conservadora. Por ejemplo aplican a mansalva sanciones económicas cuando se proyectan cintas fuera de los horarios prescriptos según las calificación. Pero no hacen nada frente a un film censurado.

Pare peor, el precario marco que impone la ley de radiodifusión vigente, que ni siquiera contempla la existencia de los canales de cable, hace que cuando el COMFER impone una multa no lo hace directamente al canal, si no a su soporte. Por ejemplo, el canal Europa Europa (uno de los que, creo, no censura) proyectó la película Las edades de Lulú (no televisable por ser SAM 18) el 2 de octubre de 2007 a las 1:50 de la mañana. El organismo le aplico una multa de 1500 pesos... a la empresa Cablevisión, mero transporte de la señal.

(Nueva nota al margen: es realmente necesaria una nueva ley de radiodifusión, que, entre otras cosas, considere a las señales de cable sujetos válidos para ser controlados)

FAQ(iu)

¿Por qué estos canales hacen lo que hacen?
Evidentemente no es para cumplir con la ley argentina, porque de hecho, la violan. La especulación de que lo harían parar no alterar los humores de los anunciantes, que preferirían no juntar voluptuosos pechos con avisos de jabón en polvo es totalmente infundada, parece.

¿No está bien que pongan diferentes versiones de una misma película según el horario?
No, no ¡NO! Las películas son obras únicas e irrepetibles, que van desde la primera escena hasta el último título (¡Los títulos tampoco se deben cortar!). Pensar algo distinto es caer en la visión perversa y retorcida de los censores de los años ´70. Además, legalmente no pueden hacerlo. La calificación de una película no la establece el canal, sino una comisión de gente que –se supone– tiene criterios específicos y cierta calificación (si se permite la redundancia) para hacerlo.

¿Al avisar previamente –como cínicamente suelen hacer– que “la película fue modificada”, no están protegiéndose frente a un reclamo?
No me parece... es como justificar a un ladrón sólo porque gritó antes “esto es un asalto”.
Y, ya que estamos con esa metáfora, los del cable no se roban tu plata, sino algunas escenas de tu película favorita. Pero como vos pagas para ver esa película, también te están robando plata ¿No?

¿Al ser señales trasnacionales, no se regulan por leyes extranjeras?
Touché. No estoy seguro del origen de las señales (por ejemplo I-Sat y Space eran nacionales, pero se vendieron y ahora no se bien desde donde operan sus bases) y no conozco las regulaciones de otros países. Quiero creer que cuando algo ingresa a nuestro país se tiene que adaptar a nuestras leyes, pero eso es algo que habría que consultar con expertos leguleyos.

¿Quién debería controlar estos actos de censura?
EL INCAA (del cual depende la CEAC) sólo controla salas cinematográficas.
El organismo que debería hacerse cargo es el COMFER, que sanciona generosamente (pero sólo a los cableoperadores) por violar las calificaciones dispuestas por el artículo 3º de decreto 828/84, pero no controla los abusos prohibidos por el artículo 8º del mismo decreto. ¡Y eso que se pierden de recaudar millones de australes!

¿Es necesaria la participación del Estado para defender a los usuarios, a pesar de tratarse de casos censura ejercida por organizaciones privadas?
En principio la única herramienta que tiene el espectador es la del cambio de canal, cosa en general bastante útil en la lógica del mercado en la que estamos. Pero ¿Qué sentido tiene cambiar de canal, si caemos en otro que hace lo mismo? Además ¿Cuál es el límite? ¿Si AVH o Gativideo empezaran a editar dvd´s recortados para entrar a las cadenas de videoclubs “familiares”? ¿Si UIP o Disney recortaran películas para aumentar su público potencial con un calificación mas baja?
Si el Estado no ocupa el centro del campo, nos van a ir llevando a la perversa lógica de mercado de la Motion Picture Association of America(MPAA), un órgano tan perverso como el Ente de Calificación de Miguel Paulino Tato, pero privado y anónimo (véase el valioso documental This Film is Not Yet Rated).

Las tetas Jenny Agutter reloaded

Se luchó durante años para que el Estado no controlara nuestro acceso a la cultura. Un sistema oscuro, que instaló la idea de que cortar una escena con una teta era normal y hasta necesario.
Hubo una resistencia, que se la jugó denunciándola en medios, que promovió proyecciones clandestinas, que protegió con su cuerpo a las cintas de las tijeras.
Las tetas de Jenny fueron un símbolo –uno particularmente sutil, firme y turgente– del fin de la censura.

Pero si ahora algún canal de cable se decidiera a proyectar Logan´s Run, seguramente veríamos a nuestra actriz favorita rodeada de nubarrones, ocultando lo que hace décadas fue una de las mayores conquistas de le democracia.
Y, lo peor de todo, es que nos parecería normal.

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3.27.2009

El Astro: La muerte del último cine de barrio

Ojeando uno de esos ofensivos desperdicios de papel que son las revistitas de ventas de casas, veo un aviso que puede pasar desapercibido si uno no es productor inmobiliario, pero que implica la destrucción de un espacio fundamental para la cultura de la zona norte.
Esos “843 metros cubiertos, aptos cualquier destino” que ofrecen en alquiler por 18.000 dólares mensuales (!) no son otra cosa que el mítico cine Astro, el último cine de barrio, desde la General Paz hacia el norte (y no creo que haya muchos otros casos en el resto del gran Bs As), que todavía funciona dentro del circuito comercial cinematográfico.

El Cine Astro se inauguró el 23 de marzo de 1933. Fue la gran obra de Ido Bentivogli un sastre que a los 25 años abandonó su oficio por la fantasía de poner un cine en Martínez, por aquella época un pueblito suburbano con muchos baldíos y calles de tierra. En sus orígenes también fue teatro, y se cuenta que actuaban figuritas de la talla de Azucena Maizzani o Carlos Gardel. Desde entonces, y junto con el cine Bristol creado por el propio Bentivogli en la década siguiente, en esa cuadra de la Avenida Santa Fé al 1800 se consolidó el centro social y cultural de Martínez. No por nada mi abuelo instaló ahí su disquería Casa Sapere, en la época en que los discos giraban en 78 rpm. Ahí vieron sus primeras películas mis viejos, cuando todavía no había TV. A esos cines íbamos los pibes del barrio, las veces que lográbamos juntar las monedas suficientes, para ver en algún doble programa la última de Adriano Celentano. La poca cultura cinéfila que tengo la conseguí ahí (y en el querido y fenecido Cine Casino, de Punta Mogotes ¡cada día una película distinta durante todo el verano!)

"Hace 18 años que tendría que haber cerrado" confesó Carlos Bentivogli, hijo del fundador, en una nota publicada el año pasado en el diario zonal Prensa Libre. Arrasados sucesivamente por la TV, el video, el cable y los shoppings, los cines de barrio de toda la ciudad de Buenos Aires y alrededores fueron cayendo en la ruina. El otro gran problema pasa por los distribuidores, que se la juegan por pochoclín y sus secuaces. Lo señala Bentivogli “las distribuidoras y las cadenas acuerdan y te mandan las películas después de tres meses”.

Con el auge de los multicines el Astro pudo aggiornarse un poco, dividiéndose en dos salas (470 y 230 espectadores). Eso y la tozudez de una familia que se resistió a dejarlo caer, tal vez fue lo que lo dejó sobrevivir mas que ninguno. Hasta ahora.



Hace un tiempo llevé a mi hijo al Astro a ver Spiderman 3. Podía haberlo a llevado a cines que tecnológicamente humillan a esta vieja sala (acá cerca hay una sala con THX, y un poco mas allá está el IMAX) o mas baratos (el Coto de Olivos es un hallazgo). Preferí el Astro, no como una suerte de rito iniciático cinéfilo que probablemente un chico de seis años no pueda percibir, sino como un reencuentro con ese ritual en el que me introdujeron mis viejos, de comprar maní con chocolate e ir al cine del barrio.

Porque el cine no es sólo el sonido y la sucesión de los 24 cuadros por segundo, también es una ceremonia colectiva. Es encerrarse en un viaje con un montón desconocidos y compartir por dos horas las risas, los sustos, la tensión o el sopor que produce una película. ¿Cuántas sensaciones se habrán acumulado en esa paredes manchadas y en las notablemente duras y ajadas butacas en estos setentiseis años de historia? Si ver una película es un ritual, la sala ocupa el lugar de un templo. Y –siguiendo la berreta metáfora religiosa– la distancia entra una sala cinematográfica de shopping y una de setenta años es la misma que hay entre una iglesia inaugurada el año pasado y alguna de esas derruidas catedrales medievales que hay en las europas.


Tengo un recorte de un diario zonal de mayo de 1982, donde aparecen los cines de la zona norte. Pasar superficialmente lista es deprimente. El Atlantic de Olivos pasó a ser una iglesia evangelista, cómo el Super de Boulogne, el Avenida de Vicente Lopez y el Hispano de San Fernando (curiosamente, algunos templos también fracasaron y cerraron); el California de Beccar y Gran Acassuso de San Isidro fueron demolidos; el Gran Delta de Tigre está abandonado; el San Isidro, luego se su breve paso como cine XXX, ahora es un supermercado; donde estaba el querido Autocine Panamericano anunciaron la construcción de cuatro edificios corporativos.

Un poco mas suerte corrieron el Electra de Vicente López que ahora es un videoclub (una degradación de esa vieja sala, donde una vez fuimos a ver una de Los Muppets con mi hermana y primos, pero al menos ahí todavía se habla de cine); el Bristol de Martinez se convirtió en el teatro mas importante de la zona norte, que recibe tanto a Les Luthiers como a Nestor en bloque; el York de Olivos ahora es un centro cultural que suele pasar películas en video.

La idea no es caer un cinemaparadisismo llorón, ni pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Pero tampoco podemos mirar para otro lado mientras se pierde un espacio tan importante para la cultura cinéfila.


El Astro todavía sigue proyectando, al menos hasta que se funda o aparezca algún emprendedor que lo quiera demoler para poner una concesionaria de autos o una botica de electrodomésticos.

El gobierno municipal de San Isidro hasta el momento no ha dado muestras de interesarse en el asunto. La comunidad en general no lo registra. Hace algunos meses Jorge Alvarez –vecino del barrio y político– creó un grupo usuarios en facebook para intentar salvarlo. Somos tan pocos los anotados que no llegaríamos ni a llenar la sala mas chica del cine.


Nota agregada el 24 diciembre de 2009: Finalmente se anunció el cierre del cine Astro, apenas una semana después del incendio del Bristol.

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6.27.2007

Artículo sobre el Hombre Bestia

Habemus un nuevo articulillo en QuintaDimension.com, en este caso sobre la película El Hombre Bestia o las aventuras del Capitán Richard, cinta pionera del cine fantástico argentino. Película altamente recomendable y que se puede ver online.

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5.16.2006

La bandera en el cine argentino

La noticia aparece en algunos medios: "Apoyan un proyecto de ley que pide la aparición de la bandera en películas nacionales."
El asunto merece que lo expliquemos un poco mas.

La senadora justicialista Silvia Giusti propuso modificar el Artículo 8º de la ley de cine. Ese artículo señala las condiciones para que una película sea considerada "argentina" (y, por ende, poder recibir los créditos y subsidios que brinda el estado). Entre otras cosas, dice que las películas deben ser en 35mm, habladas en castellano, hechas con equipos técnicos locales, haberse rodado en el país, etc.

Giusti propone agregar como condición "la aparición de la Bandera Nacional Argentina como mínimo en plano general por OCHO (8) segundos, cuya aparición podrá ser fraccionada en distintas secuencias a lo largo de la película".

Como se ve, la propuesta se mantiene en la misma línea que esa resolución del COMFER que desde hace unos años obliga a todas las radios argentinas a emitir el Himno Nacional todos los días a la misma hora: "reforzar la identidad cultural del pueblo", en palabras de la senadora G.
Mas adelante, la tipa insiste: "Es claro que la industria cinematográfica es actualmente avasallada ante películas extranjeras donde es constante la presencia de elementos culturales e históricos propios de esas regiones. Para sustentarnos basta referirnos el "Día de Gracias", "4 de Julio". Ante este panorama se podría decir que jóvenes o niños de nuestro país entiende más de cultura extranjera que argentina. Ante este fenómeno, creemos que el centro de la cuestión es acercar a la gente a los símbolos patrios con la doble finalidad de reforzar la noción de identidad argentina y de darle a la misma una especie de sello de calidad".

Por suerte, la senadora admite que haya algunas excepciones, por ejemplo "el caso de aquella persona que desee filmar cuestiones históricas previas a la creación de la bandera."

Podemos discutir esto, incluso sin analizar los dudosos componentes ideológicos de una medida así. Digo, hay muchas formas de mostrar la presunta "argentinidad" que no pasan por una combinación de colores en una tela. De hecho, si el objetivo de un realizador pasa por plantear esa "argentinidad", sería penoso que lo logre usando un símbolo tan obviamente billikinesco, con tan poca imaginación.
Por otro lado, esto no resuelve el problema fundamental: nadie quiere ver cine argentino. Los niños argentinos seguirán viendo banderas extranjeras por que los productores locales no logran que el público local vea sus películas.

Sin embargo, no vale la pena argumentar mucho en contra de esta eventual medida. Los considerandos de la propuesta presentan un punto atendible: "la idea fundamental de este proyecto apunta a que, si el Estado está dispuesto a respaldar la industria cinematográfica mediante diferentes medidas (...) no suena ilógico que el Estado se encuentre legitimado a requerir lo que estamos solicitando." En pocas palabras, si el Estado es el que garpa, tiene derecho a exigir lo que sea. Pensemos en ese productor que, en la película de los Cohen, le pedía todo tipo de lugares comunes a Barton Fink para la película sobre boxeadores que trataba de escribir. El Estado (o quienes estén haciendo uso de él), si quiere, puede llegar a exigir que se muestre la bandera o incluso que todas las peliculas terminen con el himno nacional o cualquier otra obviedad que alegre a los "patriotas" a cargo. Dentro de un tiempo, quién sabe, también se podría exigir que no se incluyan escenas que "no den la imagen correcta de un argentino en el extranjero", razón por la cual se prohibió en 1937 "Tres argentinos en París" (Manuel Romero), uno de los primeros casos de censura que registramos en la gloriosa historia de nuestro país.

Tal vez esta sea la oportunidad de consolidar al verdadero cine independiente, ese cine "off INCAA" que se hace por fuera de la financiación del Estado. Un cine que no se preocupa por andar golpeando puertas en el Instituto para conseguir una moneda y que, eventualmente, podrá renunciar a ese pueril objetivo de "reforzar la noción de identidad argentina".

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5.12.2006

Seis pasajes al infierno

Otro pequeño artículo en QuintaDimension.com

Seis pasajes al infierno
es una película de terror rodada en argentina a mediados de los ´70, estrenada en los ´80 y luego perdida durante décadas.
Aqui ofrecemos un repaso por este gran exponente del cine bizarro criollo y presentamos algunos pocos datos de su alma mater, el misterioso productor y guionista Ricky Torres Tudela.

Seis pasajes al infierno

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4.20.2006

Galeria Guemes, un pasaje en el tiempo

iEsto es un trabajo para la facultad que escribí alrededor de 1997. Leí por ahí que la Galería Güemes cumplía 90 años y me acordé que yo había hecho algo sobre el tema. Así que revisé algunos polvorientos disquettes como para recuperarlo.

Galería Güemes, un pasaje en el tiempo

La piqueta demoledora

En 1871 el arqueólogo E. Schliemann descubrió la legendaria ciudad de Troya, luego de profundizar sus excavaciones pudo determinar que en el mismo sitio hubo nueve ciudades, una sobre otra; la superior ignorando u olvidando a la inferior. Algo similar ocurrió en Buenos Aires, el "progreso" arquitectónico implicó el entierro de las construcciones coloniales originales. Y muchas de las "modernas" construcciones de principios de siglo fueron reemplazadas por otras; Buenos Aires es una ciudad que sepulta su pasado. En 1916 se publica un número especial de la Revista Técnica y Arquitectura dedicado a la Galería General Güemes, recientemente inaugurada. Sus autores son terminantes: "Las casas improvisadas y de líneas triviales y ridículas, verdaderos adefesios que molestan a la vanidad de los argentinos más o menos ilustrados, van siendo víctimas de la piqueta demoledora, para dejar paso al nuevo genio constructor de la época" (1).

El pasaje en el tiempo


A partir de 1890 la ciudad de Buenos Aires comenzó a cambiar su fisonomía de ciudad colonial inclinándose hacia un estilo europeo, básicamente a partir de la apertura de la Avenida de Mayo, y de las diagonales Saenz Peña y Roca, así como la construcción del Congreso y otros edificios de gran importancia arquitectónica.

En ese contexto se inició en 1913 la edificación de la Galería Güemes en la calle Florida 165, donde antes había una casa de dos plantas construida a principios del siglo pasado. La Galería tenía un largo de 116 metros conectando Florida con la calle San Martín, tres subsuelos, un cuerpo macizo de seis pisos de alto, y ocho pisos más en dos alas, terminando con una torre y un faro recubierto con tejas doradas. Fue una de las primeras construcciones de Buenos Aires en utilizar el hormigón armado en sus estructuras, con lo cual se pudo ganar en altura sin perder espacio, ya que este material permite pilares delgados.

El "pasaje Florida" fue diseñado por el arquitecto Francisco Gianotti (en su curriculum figura también la confitería "El Molino") quien optó por importar el Art Nouveau, predominante en Europa por esos años. Este estilo "se basa en las formas geométricas y en la naturaleza, expresándose a través de líneas sinuosas sobre todo espirales; sin importar el material que se utiliza, sea nuevo o antiguo. Realiza composiciones libres, donde suele dominar la fantasía, y siempre, en mayor o en menor grado , utilizan un repertorio floral y vegetal"(2).

El frente del edificio tenía un gran arco de mármol y un grupo de estatuas. El interior estaba decorado con obras de pincel y escultura, con vitreaux y capiteles de mármol. La galería tenía dos grandes halls, rematados con una cúpula circular, de donde partían las escaleras y los ascensores. Con respecto a la construcción el arquitecto Jorge Gazaneo (3) señala que "resulta muy difícil de resolver una galería que tiene encima una torre. Esta se diseñó en forma de "E" y fue calzada encima de unos grandes huecos de aire y luz, que permitían iluminar a la galería con luz natural. Sin embargo los paños de vidrio translúcido fueron pintados y tapados con chapas debido a las goteras."

El edificio fue inaugurado con toda la pompa: los festejos se realizaron en diciembre de 1915 y contaron con las figuras más relevantes de la época. Cabe destacar que en esos tiempos la calle Florida era considerada como una de las arterias más aristocráticas de la ciudad, y centro de reunión de la elite política y cultural del momento. Sin lugar a dudas la inauguración fue todo un acontecimiento por la singularidad y opulencia de la construcción. El Círculo de Prensa organizó para esa ocasión una conferencia sobre el General Martín Miguel de Güemes, a cargo del joven escritor Ricardo Rojas, tal vez para explicar la razón del nombre que le pusieron a esta Galería sus propietarios, los Señores Ovejero y San Miguel, reconocidos políticos de origen salteño.

Según la Revista Técnica y Arquitectura "las formas arquitectónicas parece que tienen un ciclo de vida, donde se inician, se desarrollan y decaen" y que hasta ese momento todas las muestras de la arquitectura fueron "una servil manifestación de la decadencia" (4), agregando que la Galería Güemes, por su concepción "novedosa" iba a dar lugar a una nueva imagen edilicia en Buenos Aires.

Todos los fuegos el fuego

Sin embargo al poco tiempo la Galería fue dejando de lado sus pretensiones originales de gran centro comercial y cultural, inclinándose hacia una propuesta menos "aristocrática" (incluso el teatro funcionó como strip tease durante varios años). "Hacia el año veintiocho, el Pasaje Güemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entrevisión del pecado y las pastillas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con crímenes a toda página y ardían las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables películas realistas...Recuerdo sobre todo olores y sonidos, algo como una expectativa y una ansiedad, el quiosco donde se podían comprar revistas con mujeres desnudas y anuncios de falsas manicuras" dice Julio Cortázar en El otro cielo, publicado en 1966 en el libro de relatos Todos los fuegos el fuego, cuya tapa tiene justamente una vieja foto de la galería.

En 1967 se produjo un incendio que destruyó todo desde la entrada hasta la primera cúpula del hall central. Las reparaciones se hicieron sin conservar el estilo ni la decoración originales otorgándole a la construcción unas líneas rígidas que desentonan con el conjunto. "El gran problema que se plantea con la fachada que da sobre Florida, es que en esa época la arquitectura del pasado no se tenía en cuenta, la filosofía entonces era la del bulldozer. El de Florida es un mal frente de la década del 60" comenta Jorge Gazaneo.

Otro de los problemas que debieron enfrentar en el momento de encarar las reformas era el de los quioscos internos, los cuales "en la versión primaria del proyecto existían, aunque tenían el mismo estilo que el resto de la galería y eran mucho más chicos que los actuales, sin embargo desaparecieron rápidamente ya que resultaron poco prácticos. En la década del cuarenta volvieron pero sin el menor criterio, dando una imagen de villa miseria" nos dice el arquitecto Gazaneo.

Las reformas que se realizaron en el edificio a partir de 1995 con motivo de su 80º aniversario, tenían como consigna recuperar el viejo esplendor de la Galería General Güemes y reacondicionarla dentro de los nuevos criterios arquitectónicos de los shoppings, se mejoró la iluminación, se cambió el piso, se modificó la altura, el ancho y la transparencia de los quioscos centrales, imponiendo un criterio unificado, aunque este no coincide con el viejo estilo de la obras sino más bien con el de los nuevos paseos de compras, los shoppings de los años ´90.

Un pasaje en el tiempo


"La Argentina es uno de los exponentes más ricos y significativos de la arquitectura del siglo XIX en el marco de Latinoamérica, sin embargo el país no tiene una tradición de conservación del patrimonio edilicio. El puerto de Buenos Aires fue uno de los primeros éxitos en este sentido; como ustedes saben iban a tapar todo y rellenar los diques" -señala Jorge Gazaneo y agrega- "probablemente esto se deba a una falta de conciencia y a una falta de saber que se puede hacer con esto. En la ciudad hay un edificio viejo, entonces hay que demolerlo, mientras que en Europa es lo contrario, ya que cuanto más viejo es, más cuesta. Y esto tiene su razón: es un bien que no puede repetirse. Pero incluso hay algo más: la identidad; lo que nos impulsa a vivir en un lugar es que ese lugar tiene algo diferente al resto. Imagínense lo que sería la globalización del medio arquitectónico, ¡en todos lados encontraríamos lo mismo!".

Buenos Aires es una ciudad con un pasado arquitectónico muy grande, que por falta de una memoria colectiva lo fue perdiendo. Una recorrida por sus zonas históricas nos deja ver la acción de las palas mecánicas, donde había una casa del siglo XIX ahora hay un moderno restaurante, donde había un teatro ahora hay un estacionamiento. Sin embargo la Galería Güemes es uno de los pocos lugares donde el pasado persiste, en ella podemos ver la grandilocuencia de principios de siglo, la fría racionalidad de los años sesenta y el concepto del comercio-espectáculo de fines de los ochenta. Como si fuera una gran excavación arqueológica, las formas arquitectónicas se superponen, como en la Troya de Schliemann.

Bibliografía

Revista Técnica y Arquitectura, Buenos Aires, enero de 1916.

Cócaro, Nicolás y Emilio. Florida, la calle del País; Fundación Banco de Boston, Buenos Aires, 1989.

Torremocha López, Miguel. Arquitectura y Escultura, los grandes estilos; Ediciones Granada. Madrid, 1991.

Cerram ,C.W. Dioses, Tumbas y Sabios; Ediciones Destino. Barcelona, Sexta edición, 1959.

Diario La Nación, Diciembre de 1995.

Las fotos que aaprecen en esta nota fueron sacadas por el Dr. Mario Mc Loughlin

Notas

1 Revista Técnica y Arquitectura, enero de 1916. Pags. 5-6

2Arquitectura y Escultura: los grandes estilos Pag. 109

3Jorge Gazaneo realizó los trabajos de evaluación y diagnóstico con respecto a las reformas que se realizan en la Galería Güemes a partir de 1995. Además dicta un curso de posgrado en la Facultad de Arquitectura de la U.B.A. sobre "Preservación, Conservación y Reciclaje".

4Pag. 13