11.15.2011

El cine de género, en franco ascenso


Este artículo fue publicado el sábado 29/10/2011 en el Diario Perfíl, comentando un poco lo que es el Buenos Aires Rojo Sangre. Lo posteo porque no lo editaron en la versión online. Como aquí no corre el riguroso limite de los 3000 caracteres (con espacios), pongo una versión un poco mas extensa. Mantengo el titulo con el que salió, aunque no lo puse yo.

El cine de género, en franco ascenso

Hace poco más de quince años era prácticamente absurda la idea de que pudiera existir un cine argentino de terror. O siquiera de cualquier otro género. Con un Instituto de Cine monotemático y productores sin decisión de tomar riesgos, nuestra cinematografía se recostaba cómodamente en un costumbrismo adormecedor.

En cierto momento aparecen nuevas tecnologías, nuevas formas de producción y un heterogéneo grupo de realizadores le pega una cachetada al cine nacional con una serie de películas totalmente diferentes a lo conocido. La Nueva Crítica Argentina que había empezado a tomar espacios en revistas especializadas, suplementos de espectáculos e incipientes festivales oficiales vio el cambio y creó una nueva categoría: el Nuevo Cine Argentino (en adelante NCA), al que vagamente definieron con una serie de líneas comunes bastante laxas y confusas. Pero esa etiqueta vino acompañada con un proyecto eugenésico, donde ese selecto grupo de críticos, investigadores y programadores decidía que era y que no era NCA. Lo cual no sería nada grave, si no fuera por que los que se caían del plato, no eran "nuevo cine" pero tampoco eran lo viejo. Dejaban de tener entidad, visibilidad. No eran nada y por lo tanto no merecían ni atención, ni reseñas críticas, ni ser programadas en festivales. El INCAA se dejó seducir por esos films aptos para todo crítico, que permitían combar la discutible máxima cuantificadora que mide el cine por la cantidad de espectadores ¡Para pasar a medirlo por la cantidad de premios! (búsquese en la red las gacetillas del Instituto “El cine argentino cosechó 115 premios internacionales en 2003”).

De esa manera el cine de género quedó relegado, fuera de la modesta corriente principal del cine nacional.

El festival Buenos Aires Rojo Sangre apareció en 2000 para darle visibilidad a ese cine ignorado y despreciado, tanto por el INCAA, como por los productores, como por los propietarios del sello de Nuevo Cine Argentino. Estoy hablando de un movimiento de cineastas que bajo una bandera, que yo llamo cine fantástico ultraindependiente, por su adscripción genérica y por su forma de producción absolutamente off todo, generó en los últimos quince años poco más de ciento treinta largometrajes. Muchos, bodriazos inimaginables. Otros brillantes. Como todo el cine nacional, bah… A muy poquitas las dejaron entrar en el elitista club reservado para las películas NCA, donde curiosamente terminaron premiadas, como Filmatrón (BAFICI 07) o TL-2: La felicidad es una leyenda urbana (MDQ 09).

En esta perspectiva, el BARS se convirtió en un espacio de resistencia. Un lugar donde ese cine fantástico y ultraindependiente encontraba su espacio y su público.

Con el tiempo, y más que nada con trabajo, las cosas fueron cambiando. Puertas que estaban cerradas se empezaron a abrir. Ciertos prejuicios cayeron. Viejos batalladores del género empezaron a tener sus oportunidades. Es así que poco vimos en el circuito comercial películas como Visitante de Invierno (Sergio Esquenazi), Sudor Frío (Adrián García Bogliano) o Fase 7 (Nicolas Goldbart). Y hay otras en camino, como Lo siniestro (Sergio Mazurek), La memoria del muerto (Javier Diment), Penumbras (Ramiro y Adrián Garcia Bogliano), 2/11 Día de los muertos (Ezio Massa), Diablo (Nicanor Loreti)... Alguna en postproducción, otras ya con fecha de estreno.

El BARS fue testigo privilegiado del esfuerzo de todos estos cineastas que, en algunos casos, tardaron más de una década en tener una oportunidad de mostrar su talento dentro de la industria. Y actualmente es el espacio donde ya se están gestando una nueva generación de cineastas que también tiene el cine de género como bandera.

11.11.2010

Guerreros del cine: Argentino, fantástico e independiente

Protocolo y Etiquetas, algunas notas sobre el libro
Guerreros del cine: Argentino, fantástico e independiente



La publicación de Guerreros del cine: Argentino, fantástico e independiente (FanEdiciones) es, para los que frecuentamos el cine fantástico local, el acontecimiento del año. Por primera vez se intenta discutir y analizar en un libro un movimiento que ya lleva casi quince años, prácticamente un centenar de largos y mas de un millar de cortos.
Que recién ahora se publique algo solo demuestra la negación de parte del periodismo y de la academia de este movida, la mas efervescente y con mas alta graduación de todo el apelmazado cine argentino. Es cierto, hay un valioso antecedente, Cine bizarro y fantástico hispano-argentino: entre dos siglos, donde Pablo Conde se despacha con un puñado de entrevistas interesantes, pero sin la pretensión de presentarse como un análisis global.

Matías Raña pone sobre la mesa un recorrido histórico, con varias cosas que me encantaron y varias cosas que quiero discutir. En estos momentos sólo voy a ponerme a debatir un sólo punto: el tema de las etiquetas, porque creo que definirnos bien tiene que ser una prioridad programática de la movida.


Etiquetas: Una cierta mamada
Para cualquier cineasta, la simple idea de que un crítico, un periodista, un historiador o un programador de un festival lo quiera encorsetar en una clasificación sólo le genera una mirada despectiva y un maradoniano comentario estilo "yo sigo filmando, ustedes keep sucking". Es válido, pero nosotros tenemos la obligación de seguir rotulando y discutiendo sobre los rótulos.

Acá lo que pretendo discutir es la poco feliz etiqueta "Nuevo Cine Independiente" que se usa con profusión en el libro, tanto por el autor como por alguno de los columnistas invitados.
En el libro no se explica porque se usa una etiqueta tan confusa, sino que se la da por aceptada. No figuran fuentes bibliográficas ni reenvíos a otros textos.
Como esta etiqueta la vi en otros artículos, voy a asumir esas notas como referencias. Por lo tanto voy a discutir con el texto presumiblemente original y, por elevación, con Raña.

Hasta donde pude rastrear, la semilla del mal –o al menos su justificación– creo que tiene su origen en el texto de Hernán Panessi (un muy agudo periodista, aunque él lo niegue sistemáticamente bailando en youtube) Nuevo Cine Independiente: La Vanguardia Cinematográfica desde Argentina que leí en la revista 24 Cuadros (www.revista24cuadros.com/paginas/archivos_web/24cuadros_15.pdf). Ahi, Panessi describe un panorama en términos claros, precisos, efectivos, que mas o menos comparto y que con algún reparo asumo aquí cuando hablo de movida o movimiento. Coincido fundamentalmente en definirlo como un cine autogestivo y cuyo objetivo es reivindicar el cine de género. No me cierra del todo la idea –que sobrevuela también el libro de Raña– de la cofradía: si bien el cineasta ultraindependiente es un ser mayormente gregario, hay muchos –muchísimos– cineastas "sueltos" que no participan de la vida social que se menciona en el libro, pero que son una parte muy significativa de la movida.
Es una buena nota la de Panessi. Lo que no comparto es asignarle a eso que describe la etiqueta Nuevo Cine Independiente (NCI en alguna parte del texto). Con una nota al pie nos dice que NCI es un "término acuñado, en primer momento, por publicaciones especializadas en el año 2009 y cuyo uso se hizo notoriamente extensivo al resto de los participantes (hacedores y espectadores) con el correr de los días". No aclara y no se cuales son esas publicaciones, asi que aquí termina mi búsqueda bibliográfica.
Pasamos directamente a los bifes:

Porque la etiqueta NCI es medio una garcha.
1– Lo nuevo
* Etiquetar un género o movimiento como "Nuevo" es medio tonto. Por definición, cuando termina de aceptarse el uso de la etiqueta, es porque el movimiento está asentado y reconocido. Y un movimiento aceptado y reconocido, no va a durar mucho que digamos como "Nuevo". Vayamos a la historia reciente. Hace mas de una década que hablamos del Nuevo Cine Argentino. Trapero y Caetano ya tienen una filmografía casi tan larga como la que Rodolfo Kuhn y David Kohon lograron en toda su vida. Ellos estilísticamente puede que sigan manteniendo las banderas programáticas del NCA. Pero ya no son "nuevos", ya son parte del mainstream.
* Hace cincuenta años que tenemos un "nuevo cine argentino". Kuhn y Kohon lo fueron en el 60, por eso los mencione antes. Pero tambien hubo un "nuevo cine argentino" en los 80 y otro en los 90 y otro en los 00. Siempre hay un cine nuevo. Historiográficamente seria inteligente poner categorías mas descriptivas, menos usadas y con una vida útil que vaya más allá de la breve excitación de “lo novedoso”. Ya que los cráneos de la crítica local todavía no metieron sus narices en nuestra movida, aprovechemos y propongamos una etiqueta algo mas razonada.
* Podemos aceptar, como señalan Raña y Panessi, los inicios de toda esta historia hacia 1997, coincidiendo con el origen del NCA. Llevamos 13 o 14 años, montonazos de películas... ¿Realmente somos "nuevos"?
2– Lo independiente
* La batalla por la palabra "Independiente" está perdida. En el seno del BARS tuvimos varios debates sobre esto. Yo proponiendo asumir la "ultraindependencia" otros diciendo que el nuestro es el "verdadero cine independiente" y que eso de ultra suena raro, peyorativo o incluso despectivo. Acepto que el nuestro es un cine realmente independiente. Pero esa palabra no nos pertenece. Fue robada, apropiada por otro tipo de cine. Hoy por hoy esa palabra designa cierto tipo de películas que son, por ejemplo, las que se ven en el BAFICI. ¿Que ese es un cine ultra dependiente? ¿Que solo puede hacerse si banca el INCAA? ¿Que los realizadores dependen de que el Fondo de Cultura de la Ciudad tire un centro? ¿Que se pasan el dia tejiendo y destejiendo guiones mientras esperan el llamado de la Über Alles Fundeiyon? Es todo verdad. Pero si en los festivales internacionales, si en el circuito comercial, si en los grandes medios y hasta en los blogs, si en el publico masivo y si hasta Doña Rosa llaman a ese cine como "Independiente", no veo la forma de convencerlos de lo contrario. Podemos intentar nadar contra la corriente, pero parece un desperdicio de energía desgastarse solo por un nombre. Mas sensato es usar otra etiqueta y "ultraindependencia" me parece válida para marcar un cine que está mas allá de las limitaciones del que se conoce como cine independiente.
3– La inespecificidad
* La etiqueta NCI no sirve porque es inespecífica. La búsqueda en Google de "Nuevo Cine Independiente" (con comillas) te devuelve 224000 resultados, pocos relacionados con nosotros. Hagamos una búsqueda mas especifica. Busquemos "Nuevo Cine Independiente Argentino" y sólo en Google Books, asi sacamos chapa de académicos. Ahi salta, entre otras cosas, que al cine de Birri en 1962 se lo califcaba como NCIA. A Rejtman lo mismo pero en los ´90. Tambien salta que en 1984 hubo un "Festival del Nuevo Cine Independiente Argentino" (Google dice que la cita esta en el libro Cine Argentino 82, cuando en realidad la nota esta en Cine Argentino 84... tengo ambos libros asi que cito de ahí, pero se me cayó la confianza en Google!) hecho con películas en super8 y 16mm. De los que participaron, suenan los nombres de Raul Tosso o Tristán Bauer.
Se usa el mismo rótulo, pero ¿Realmente se puede establecer una relación, una evolución, un vínculo Birri–Bauer–Rejtman–Sáez/Parés? ¿O mas bien tenemos que buscar un nombre que nos diferencie de todo eso?
4– El género
* La etiqueta NCI no incluye la principal característica de la movida, la que la define. No incluye su identificación con el cine de género. Esto es CLAVE. Veamos el caso de Paura o Farsa, que han tenido sus experiencias, tanto ultraindependientes como industriales, pero que no han cambiado su visión del cine, solo la forma de producirlo. Lo que los define es su adscripción al cine de terror, al cine fantástico, al cine de entretenimiento. Eso demuestra que el eje dependencia–independencia–ultraindependencia condiciona muchas cosas, pero no define por si solo al movimiento. De hecho, creo se define tanto por su postura frente al género como por sus modos de producción. Y un rótulo que no contemple esto, es un rótulo incompleto.

La propuesta alternativa
Para mi, esto que reivindicamos es un cine fantastico ultraindependiente. Si se requieren siglas y ampulosidad, Cine Fantastico Ultraindependiente Argentino (CFUA).
Fantástico, por su defensa del cine de genero y porque en su sentido amplio incluye muchos otros géneros vinculados: fantasía, terror, ciencia ficción.
Ultraindependiente porque lo que define a estas películas es tanto su perfil artesanal y autogestionado en el momento de la producción como sus formas no tradicionales de exhibición, al margen de los circuitos comerciales habituales.

De este CFUA quedarían afuera películas como Lo Siniestro, que tiene apoyo del INCAA y una copia en 35mm esperando para estrenarse. En estos términos Lo Siniestro no es ultra, si no meramente independiente. Y tiene sentido, porque su producción fue una experiencia totalmente diferente al de las otras. Había sueldos, catering, horarios… sindicatos. Y porque su inminente distribución ya tiene sus carriles aceitados (en el mejor de los casos la moverá un distribuidor, en el peor morirá en una sala INCAA). Lo mesmo para Visitante de Invierno, Sudor Frío, o El amo de los clones. La etiqueta propuesta ahí sería Cine Fantástico Argentino (CFA) a secas, que también incluiría películas temáticamente similares pero hechas por gente generacionalmente fuera de la movida, como Zenitram de Luis Barone.
Yo creo que el objetivo a mediano plazo de casi todos los realizadores –hay excepciones– es dejar de ser CFUA para ser CFA. En otras palabras, pasar la línea de la indigencia para entrar en la pobreza y modestia económica de nuestro cine. Perderán o ganaran condicionamientos –hay debate sobre eso– pero no creo que resignen su amor por el cine de género.

Podemos debatir la sigla: CFUA suena definitivamente fulero. CAFU tiene onda, y siempre me cayó mejor que su correligionario Roberto Carlos. Podemos sacar lo de cine y quedarnos con un UFA, que suena a moderada y llorosa protesta. Si no sacamos lo de argentino, forzamos hasta lo absurdo la incorporación del Kinetoscopio edisoniano y nos queda un mas simpático y cándidamente revulsivo FUCK. No se, escucho ideas. Cualquier cosa serviría… pero justamente no el gastadísimo “Nuevo Cine Independiente”.

Marxismo
Estos son mis principios. Pero si a ustedes no les gustan, tengo otros. Quiero decir, puedo charlar lo de fantástico y lo de ultra. Lo que me parece es que nos merecemos un debate mas profundo, para no caer en la tontería de llamarnos a nosotros mismos con un nombre tan obvio que se viene usando desde hace 50 años para mencionar a cosas que poco tienen que ver con lo que defendemos.

Tal vez internamente vale decir que este es el “verdadero cine independiente”. Pero a la hora de tratar de salir del ghetto (y esa hora es ahora, muchachos) necesitamos un estandarte claro y efectivo. Algo que el público común y la prensa cinematográfica entiendan al vuelo. Porque no sirve una etiqueta que necesite aclararse todo el tiempo (“somos NCI, pero un NCI mucho mas "N" e "I" que el que vos estas pensando”; “somos NCI, pero no somos Rejtman” o “no se quien es Birri pero igual me gusta la birra”...).

Para la mayor parte de los realizadores esta discusión va a ser al pedo. Pero para los que tenemos una vinculación mas de análisis que de creación con la movida (como Raña, Panessi o yo mismo) pasa a ser central. Porque los rótulos no son solo calcomanias en un estante de un videoclub. Los rótulos proponen recorridos, son referencias y guías de lectura. Son, en definitiva, interpretaciones que al proponer un cambio de perspectiva, llegan a resignificar a las propias obras. Y si la misión que nos impusimos es la de difundir este cine, tenemos que hacerlo en términos que sean accesibles al público y a los medios. Y eso aunque las etiquetas no suenen tan bien o que no sean tan épicas como quisiéramos puertas adentro.

Guerreros y pioneros
El libro de Matías Raña tiene la fuerza de los trabajos de los pioneros. Es invaluable. Vamos a coincidir en muchas cosas y en unas pocas vamos a discutir. Pero como sea, hay que leerlo. Porque a partir de ahora va a ser la referencia inevitable para pensar sobre nuestro cine.

7.04.2010

El bulo de merlín - audio recuperado

Casi de casualidad llegué al blog Malas Palabras, que recorre la historia de la mítica radio El Bulo de Merlín, uno de los pilares de la radiodifusión libre, alternativa, trucha, de baja potencia o como se la quiera etiquetar. Entre algunos datos que no sabia y otros que no recordaba, se apunta alli que "hoy nadie se acuerda de la caída de este bulo, no existen textos, ni grabaciones en la red, sus protagonistas tampoco hablan de esos días".

Al Bulo lo acompañé como oyente durante su breve existencia. Su aparición coincidió con una época –tendría unos 14 años– en que me encerré a ver películas, leer y escuchar radio. Y esta era mi emisora de cabecera.

Pero mas allá de la anécdota personal, creo que lo importante es que cuando releía eso de que no había grabaciones… ¡Me acordé que yo había grabado varias cintas! No se exactamente porque registré esos momentos. No se si para volver a escuchar la radio que me tenia como fan (no lo hice hasta ahora, veinte años después) o porque tenía cierta conciencia de que era algo que con el tiempo sería histórico. Como sea, había unos casettes para recuperar.

Aqui va un paréntesis para la odisea de encontrar los dichosos registros sonoros grabados en 1988, guardados en una caja así y asá que yo creía haber perdido en una mudanza y que mi mujer había visto al fondo de un placard. Se puede agregar la dificultad para reconstruir los casettes –uno no giraba, el otro no tenia almohadilla– y los problemas para encontrar un grabador que funcionase. Otro paréntesis para el avance de la tecnología, que nos deja en banda años de archivismo análógico. Hace poco estuve revolviendo otras cajas llenas de casettes de video, cuando encontré lo que quería resultó que la maquina vhs ya no me anda más.


Finalmente, logré digitalizar el material. Y, la verdad, se escucha para el orto. Los casettes eran malos, fueron grabados varias veces y fueron guardados por dos décadas en zonas probablemente húmedas y polvorientas. Para peor, en mi casa a veces se metían ruidos de interferencias en las propias emisiones. Como sea, creo que es un material histórico (¡al menos hasta que alguien aparezca con una mejor copia!)

La Radiodifusión Trucha

Una de las primeras cosas que hace Alfonsin cuando asume fue suspender los concursos para acceder a las frecuencias de radio. El gobierno militar había hecho, como era de esperarse, algunos negociados turbios con algunas licitaciones. Ademas el plan de frecuencias (PLANARA) era bastante discutible. La idea era barajar y dar de nuevo, con una nueva ley de radiodifusion. Pero eso nunca llegó a hacerse, probablemente por presión de ARPA y demas simpáticas banditas. El espectro de Amplitud Modulada lo ocupaban los de siempre y la FM fue acaparada por sucursales de esas mismas AM.

Ahora es dificil de imaginar, pero las radios de FM solo (SOLO) ponian "música de FM", musica… de sala de espera. La voz humana sólo se limitaba a anunciar los temas y decir la temperatura. La opinión, el debate y las risas eran territorio de las AM, que sacando notables excepciones, era un territorio demasiado rígido, dominado por los dinosaurios del tango y el turf.

Pensemos que hacia 1985 la Argentina tenía solo 7% de su espectro de FM en uso. Sin embargo no se crearon las herramientas democráticas para ocupar ese espacio con amplitud y pluralismo. En ese clima de efervescencia democrática de los ´80, había necesidad de expresarse. Y necesidad de escuchar otras voces. En ese contexto el dial fue tomado por asalto. Poner una radio era relativamente barato (con muy pocos watts se podían tener coberturas increíbles, un microfono, unos tocadiscos, la consola del primo disc jockey, algunas hueveras del almacen de la esquina... y listo) y cientos de emisoras se empezaron a abrir en todo el país. El dial se abrió y se democratizó. Los resultados fueron contradictorios y heterogéneos. Pero frente a la vieja radio, pasteurizada, homogeneizada y con menos de diezmil bacterias por centimetro cuadrado, el resultado fue indudablemente positivo.

El Bulo
Un grupo de pibes –creo que en su mayoria estudiantes de ciencias de la comunicación- toman un garage de una casa de olivos y se armaron una radio. La idea era hacer radio sin red y sin buscar imitar las viejas formulas. Sin voces con “carnet”. Transmitian inicialmente de jueves a domingo algunas horas por la noche.

Empezaron por el 92.7 (la frecuencia de municipal!) y fueron decomisados. Tuvieron una segunda época en el 91.2 (!)

Tenian un grupo de oyentes, “Los testigos de merlín” y una promoción basada en el boca a boca. Apenas duró un poco mas de un año en el aire, sin embargo dejó un huella significativa.

En el blog que mencioné hay mas sobre su historia, algunos audios y también aparece el testimonio de uno de sus fundadores, Fernando Collazo, que resume el concepto de la radio: "El Bulo de Merlín fue, primero que nada, un ejercicio de libertad de expresión, un espacio de experimentación comunicativa (…) fue tan importante en aquel momento, precisamente porque sólo podía ser de esa manera: analógico, simple, creativo, pobre, amateur, puro. Uno de nuestros slogans nos definía muy bien: una radio artesanal, atendida por sus propios dueños”.

Audios Recuperados

Separador “Frank Zappa”

Un ejemplo de la artística de la radio, que tambien muestra su marcado eclecticismo y elitismo musical. En los tiempos del “Ritual de la Banana” en el Bulo te ponian Frank Zappa, Leo Masliah, King Crimson o Weather Report. Con suerte algo de The Police o Talking Heads.













Apertura de La Inevitable Derrota
El mascarón de proa de la radio era este programa, que fundamentalmente tenía mucho humor. Es esta época ya se había fusionado con el programa musical Los Malditos. Siempre terminaba con el final de Ya el sol asomaba en el poniente de Les Luthiers, ese que dicePerdimos, perdimos, perdimos otra vez”.















El Rally del dial

Los sábados tenian el programa ómnibus Bondi, que proponia diversos juegos. El mas popular era el Rally del Dial, una serie de carreras por el dial buscando ciertas temas en otras emisoras. Divertidisimo, pero obviamente a nadie se le ocurrió volverlo a hacer. En estos tiempos es tabú proponerle al oyente que mueva el dial.

















La Lámpara Magica
De este programa no me acuerdo mucho, para ser sincero. Sospecho que se llama así por el separador que cierra este delicioso ejemplo de la lugarcomunmente mencionada como “magia de la radio”.


















La Revolución
Asi se anunciaba el final de la radio. Con cierto misterio, pero los oyentes ya sabíamos de que se trataba.















Fin
Estos son los segundos finales de la radio. No creo que haya forma mas digna de terminar algo que reservándose para uno mismo el momento de hacerlo implotar .
















Epílogo
Cuando cerró, quedé un tiempo bajoneado. Mi viejo me vio así y saltó con una de sus tradicionales salidas: "pongamos una radio nosotros", dijo. Y de ahi salió Fm Fénix, una radio que lleva casi 22 años. Una experiencia con varios errores y un puñado de aciertos, mucho más incoeherente y crontadictoria, más “sistémica” y menos explosiva que el Bulo. Pero a pesar de las diferencias, también tiene su aporte a la libertad de expresión.

Y, en definitiva, la idea pasa por ahí. Si logramos mantener un poquito de la libertad, el caos, la creatividad y la independencia del Bulo, ya podemos darnos por satisfechos.

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6.09.2009

Sexo, mentiras y TV por cable

Las tetas de Jenny Agutter
En Fuga en el siglo XXIII (Logan´s Run) se ven brevemente las tetas de Jenny Agutter. Ahora no significa demasiado, pero que pasaran eso por televisión en la Argentina de principios de los ´80 fue una revolución. Y no sólo para mi, que no se si llegaba a tener 10 años y poca experiencia en el tema, sino para varios adultos que comentaron el asunto durante días. La noticia era impactante: que se mostrara una teta en la TV, implicaba que estaba cayendo una de las censuras mas violentas de la historia de la cultura occidental.

El fin de la censura pública
El Ente de Calificación Cinematográfica era una dependencia oficial que desde 1974 (con Miguel Tato, en la dudosa era democrática de Isabelita y López Rega) emprendió una concienzuda y sistemática secuencia de prohibiciones de películas. Desde ese año hasta 1983 se prohibieron unas 700 cintas ya sea por motivos religiosos, políticos, de género (es notable la persecución al cine fantástico y al de artes marciales) y –la madre de todos los males, parece– sexuales.

Los cortes son imposibles de contabilizar, pero eran muy específicos. A fines de los ´70 empezó a salir la polémica y perseguida revista Humor , donde Anibal Vinelli mantenía la sección Cortes & Confesión, donde censaba las diferencias entre la duración de una película al ser estrenada localmente y su duración original. ¡Se vieron películas con más de 20 minutos recortados!

Un caso muy comentado fue el de El Resplandor de Stanley Kubrick. Hubo una escena cuestionada por el Ente de Calificación donde una mujer salía caminando desnuda de una bañera. Kubrick tenía una acuerdo con la distribuidora: o la película se da completa o no se proyecta. La solución fue poner unas manchas verdosas nublando las partes intimas de la mujer.

Con la vuelta de la democracia, se tiraron abajo esas leyes prohibicionistas, creando una de las legislaciones mas avanzadas del mundo en clasificación cinematográfica. Entre otras cosas, se impedía explícitamente a la nueva Comisión de Calificaciones realizar prohibiciones de películas o cortes de escenas.

25 años después...
Haciendo zapping caigo en el canal de cable The Film Zone donde dan la decepcionante película Bean (el lamentable primer paso cinematográfico del gran personaje de Rowan Atkinson). Justo estaba en una escena donde un experto en ventas le muestra al representante de una galería de arte la línea de merchandising relacionado con la exposición del cuadro Whistler's Mother, incluyendo una versión “popular”: una pintura donde se reemplaza a la fea vieja del cuadro –que esta sentada, de perfil– por una joven, sentada en la misma posición, pero desnuda, a la que apenas se le adivina un pecho.

El asunto es que los señores de The Film Zone descubrieron que eso podía perturbarme, así que aplicaron una mancha borrosa en el lugar donde supuestamente habría un pecho. ¿Se entiende? Borraron una teta que se ve de perfil, en un óleo, brevemente y de lejos.

Pero no me sorprendió, este tipo de blureado es generalizado y sistemático. Y no se eliminan solo atributos sexuales, sino también cosas como manitos alzadas con el gestito fuck you. Son muy comunes, pero mas difíciles de detectar, los cortes de plano a toda una escena. Y también son norma los cortes de sonido o pitidos cuando los actores mueven los labios como para putear. Usuarios los han detectado también en señales como MGM, I-Sat, Hallmark Channel, Space y TNT.

El hecho no es sólo cuestionable por razones artísticas (en el caso que menciono desactivaron un chiste y, en general, modifican el sentido de las obras), morales (la censura es, en si misma, inmoral) o ideológicas (hay una grado muy alto de perversión en pensar que un cuadro con una teta puede afectar a alguien). Fundamentalmente la jodita es cuestionable porque, en Argentina, cortar o modificar películas es ilegal y sancionado con multa.

Al sufrir una censura tan violenta en los ´70, con el resurgir de la democracia se impuso, como decía, una legislación de avanzada. Se disolvió el Ente y se creó una Comisión Asesora de Exhibiciones Cinematográficas (CAEC) que no prohíbe ni corta, sino que sólo especifica franjas etarias para poder ver una película. (Apta para todo publico, Solo apta para mayores de 13, 16 o 18 años, o de exhibición condicionada). Fue tan tajante el rechazo a la censura, que se cambió la tradicional etiqueta de “Prohibido para menores de...” por la mas amigable “Solo apta para mayores de...”. Una nimiedad simbólicamente significativa.

Pero al hablar de le televisación de películas, lamentablemente una ley tan progresista como ésta, choca con otra sumamente retrógrada como es la tan mentada Ley de Radiodifusión, vigente desde los tiempos de la dictadura, la cual establece que sólo son televisables las películas hasta la categoría SAM 16. Una película apta para 18 tiene tajantemente prohibida su pasada por TV. Si se cumpliera esta ley, no podríamos ver nunca en la pantalla chica películas con tanta violencia como Irreversible, con tanto sexo como Batalla en el cielo o con tantos... policías mecánicos descompuestos como Robocop II (si, las tres no son aptas para menores de 18... el debate sobre la pertinencia de las calificaciones lo haremos en otra parte). Paralelamente no se puede proyectar una película SAM 13 o SAM16 antes de las 22 horas, por el famosos horario de protección al menor. (nota al margen: el discutido nuevo proyecto de ley de medios audiovisuales propone una franja horaria –de 00 a 06 horas– para las películas SAM 18, cosa que suena razonable. Lo que no suena bien es limitar a SAM 13 el horario de 22 a 24, lo que dejaría afuera de ese horario a películas tan “peligrosas” como X-Men Origenes).

Censurada privada
Pero el decreto 828/84 no solo determina que la CAEC no puede efectuar ni exigir ningún corte, sino que ni los mismos distribuidores pueden hacerlo. El artículo 8 dice textualmente “Los productores, distribuidores o exhibidores no podrán efectuar cortes o modificaciones al material sin una autorización fehaciente de quien posea los derechos intelectuales”. Por su parte el decreto 734/90 fija, para el que específicamente viole ese ítem, una multa de... (música de suspenso) ... ¡12 millones de australes!

Puede ser que estos canales cuenten una autorización fehaciente para esconder pechos en todas sus proyecciones. No lo se, pero viendo los antecedentes, lo dudo. Hace una década Eliseo Subiela hizo una denuncia pública “hace unos días contemplé cómo la cadena TNT había compaginado una nueva y cercenada versión de mi filme Despabílate amor. Colaboradores técnicos de la película y yo, detectamos no menos de 10 cortes a lo largo de la proyección”. Evidentemente, TNT no tenía la fehaciente autorización del tipo.

Pero aunque tuvieran permiso para amasijar tetas, no podrían emitir el film con cortes, ya que según el artículo 9º del decreto 828/84, cualquier película modificada –aún con autorización– necesariamente debe ser recalificada. Esto es lógico, la CEAC no sólo pone franjas de edades por cantidad de tetas o puteadas (lo único que eliminan estos nuevos censores privados) sino por temas, situaciones, niveles de violencia, etc.

¿Qué hace el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) en relación a estas violaciones a las regulaciones sobre calificación y censura? Los tipos asumieron una interpretación parcial, sesgada y conservadora. Por ejemplo aplican a mansalva sanciones económicas cuando se proyectan cintas fuera de los horarios prescriptos según las calificación. Pero no hacen nada frente a un film censurado.

Pare peor, el precario marco que impone la ley de radiodifusión vigente, que ni siquiera contempla la existencia de los canales de cable, hace que cuando el COMFER impone una multa no lo hace directamente al canal, si no a su soporte. Por ejemplo, el canal Europa Europa (uno de los que, creo, no censura) proyectó la película Las edades de Lulú (no televisable por ser SAM 18) el 2 de octubre de 2007 a las 1:50 de la mañana. El organismo le aplico una multa de 1500 pesos... a la empresa Cablevisión, mero transporte de la señal.

(Nueva nota al margen: es realmente necesaria una nueva ley de radiodifusión, que, entre otras cosas, considere a las señales de cable sujetos válidos para ser controlados)

FAQ(iu)

¿Por qué estos canales hacen lo que hacen?
Evidentemente no es para cumplir con la ley argentina, porque de hecho, la violan. La especulación de que lo harían parar no alterar los humores de los anunciantes, que preferirían no juntar voluptuosos pechos con avisos de jabón en polvo es totalmente infundada, parece.

¿No está bien que pongan diferentes versiones de una misma película según el horario?
No, no ¡NO! Las películas son obras únicas e irrepetibles, que van desde la primera escena hasta el último título (¡Los títulos tampoco se deben cortar!). Pensar algo distinto es caer en la visión perversa y retorcida de los censores de los años ´70. Además, legalmente no pueden hacerlo. La calificación de una película no la establece el canal, sino una comisión de gente que –se supone– tiene criterios específicos y cierta calificación (si se permite la redundancia) para hacerlo.

¿Al avisar previamente –como cínicamente suelen hacer– que “la película fue modificada”, no están protegiéndose frente a un reclamo?
No me parece... es como justificar a un ladrón sólo porque gritó antes “esto es un asalto”.
Y, ya que estamos con esa metáfora, los del cable no se roban tu plata, sino algunas escenas de tu película favorita. Pero como vos pagas para ver esa película, también te están robando plata ¿No?

¿Al ser señales trasnacionales, no se regulan por leyes extranjeras?
Touché. No estoy seguro del origen de las señales (por ejemplo I-Sat y Space eran nacionales, pero se vendieron y ahora no se bien desde donde operan sus bases) y no conozco las regulaciones de otros países. Quiero creer que cuando algo ingresa a nuestro país se tiene que adaptar a nuestras leyes, pero eso es algo que habría que consultar con expertos leguleyos.

¿Quién debería controlar estos actos de censura?
EL INCAA (del cual depende la CEAC) sólo controla salas cinematográficas.
El organismo que debería hacerse cargo es el COMFER, que sanciona generosamente (pero sólo a los cableoperadores) por violar las calificaciones dispuestas por el artículo 3º de decreto 828/84, pero no controla los abusos prohibidos por el artículo 8º del mismo decreto. ¡Y eso que se pierden de recaudar millones de australes!

¿Es necesaria la participación del Estado para defender a los usuarios, a pesar de tratarse de casos censura ejercida por organizaciones privadas?
En principio la única herramienta que tiene el espectador es la del cambio de canal, cosa en general bastante útil en la lógica del mercado en la que estamos. Pero ¿Qué sentido tiene cambiar de canal, si caemos en otro que hace lo mismo? Además ¿Cuál es el límite? ¿Si AVH o Gativideo empezaran a editar dvd´s recortados para entrar a las cadenas de videoclubs “familiares”? ¿Si UIP o Disney recortaran películas para aumentar su público potencial con un calificación mas baja?
Si el Estado no ocupa el centro del campo, nos van a ir llevando a la perversa lógica de mercado de la Motion Picture Association of America(MPAA), un órgano tan perverso como el Ente de Calificación de Miguel Paulino Tato, pero privado y anónimo (véase el valioso documental This Film is Not Yet Rated).

Las tetas Jenny Agutter reloaded

Se luchó durante años para que el Estado no controlara nuestro acceso a la cultura. Un sistema oscuro, que instaló la idea de que cortar una escena con una teta era normal y hasta necesario.
Hubo una resistencia, que se la jugó denunciándola en medios, que promovió proyecciones clandestinas, que protegió con su cuerpo a las cintas de las tijeras.
Las tetas de Jenny fueron un símbolo –uno particularmente sutil, firme y turgente– del fin de la censura.

Pero si ahora algún canal de cable se decidiera a proyectar Logan´s Run, seguramente veríamos a nuestra actriz favorita rodeada de nubarrones, ocultando lo que hace décadas fue una de las mayores conquistas de le democracia.
Y, lo peor de todo, es que nos parecería normal.

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3.27.2009

El Astro: La muerte del último cine de barrio

Ojeando uno de esos ofensivos desperdicios de papel que son las revistitas de ventas de casas, veo un aviso que puede pasar desapercibido si uno no es productor inmobiliario, pero que implica la destrucción de un espacio fundamental para la cultura de la zona norte.
Esos “843 metros cubiertos, aptos cualquier destino” que ofrecen en alquiler por 18.000 dólares mensuales (!) no son otra cosa que el mítico cine Astro, el último cine de barrio, desde la General Paz hacia el norte (y no creo que haya muchos otros casos en el resto del gran Bs As), que todavía funciona dentro del circuito comercial cinematográfico.

El Cine Astro se inauguró el 23 de marzo de 1933. Fue la gran obra de Ido Bentivogli un sastre que a los 25 años abandonó su oficio por la fantasía de poner un cine en Martínez, por aquella época un pueblito suburbano con muchos baldíos y calles de tierra. En sus orígenes también fue teatro, y se cuenta que actuaban figuritas de la talla de Azucena Maizzani o Carlos Gardel. Desde entonces, y junto con el cine Bristol creado por el propio Bentivogli en la década siguiente, en esa cuadra de la Avenida Santa Fé al 1800 se consolidó el centro social y cultural de Martínez. No por nada mi abuelo instaló ahí su disquería Casa Sapere, en la época en que los discos giraban en 78 rpm. Ahí vieron sus primeras películas mis viejos, cuando todavía no había TV. A esos cines íbamos los pibes del barrio, las veces que lográbamos juntar las monedas suficientes, para ver en algún doble programa la última de Adriano Celentano. La poca cultura cinéfila que tengo la conseguí ahí (y en el querido y fenecido Cine Casino, de Punta Mogotes ¡cada día una película distinta durante todo el verano!)

"Hace 18 años que tendría que haber cerrado" confesó Carlos Bentivogli, hijo del fundador, en una nota publicada el año pasado en el diario zonal Prensa Libre. Arrasados sucesivamente por la TV, el video, el cable y los shoppings, los cines de barrio de toda la ciudad de Buenos Aires y alrededores fueron cayendo en la ruina. El otro gran problema pasa por los distribuidores, que se la juegan por pochoclín y sus secuaces. Lo señala Bentivogli “las distribuidoras y las cadenas acuerdan y te mandan las películas después de tres meses”.

Con el auge de los multicines el Astro pudo aggiornarse un poco, dividiéndose en dos salas (470 y 230 espectadores). Eso y la tozudez de una familia que se resistió a dejarlo caer, tal vez fue lo que lo dejó sobrevivir mas que ninguno. Hasta ahora.



Hace un tiempo llevé a mi hijo al Astro a ver Spiderman 3. Podía haberlo a llevado a cines que tecnológicamente humillan a esta vieja sala (acá cerca hay una sala con THX, y un poco mas allá está el IMAX) o mas baratos (el Coto de Olivos es un hallazgo). Preferí el Astro, no como una suerte de rito iniciático cinéfilo que probablemente un chico de seis años no pueda percibir, sino como un reencuentro con ese ritual en el que me introdujeron mis viejos, de comprar maní con chocolate e ir al cine del barrio.

Porque el cine no es sólo el sonido y la sucesión de los 24 cuadros por segundo, también es una ceremonia colectiva. Es encerrarse en un viaje con un montón desconocidos y compartir por dos horas las risas, los sustos, la tensión o el sopor que produce una película. ¿Cuántas sensaciones se habrán acumulado en esa paredes manchadas y en las notablemente duras y ajadas butacas en estos setentiseis años de historia? Si ver una película es un ritual, la sala ocupa el lugar de un templo. Y –siguiendo la berreta metáfora religiosa– la distancia entra una sala cinematográfica de shopping y una de setenta años es la misma que hay entre una iglesia inaugurada el año pasado y alguna de esas derruidas catedrales medievales que hay en las europas.


Tengo un recorte de un diario zonal de mayo de 1982, donde aparecen los cines de la zona norte. Pasar superficialmente lista es deprimente. El Atlantic de Olivos pasó a ser una iglesia evangelista, cómo el Super de Boulogne, el Avenida de Vicente Lopez y el Hispano de San Fernando (curiosamente, algunos templos también fracasaron y cerraron); el California de Beccar y Gran Acassuso de San Isidro fueron demolidos; el Gran Delta de Tigre está abandonado; el San Isidro, luego se su breve paso como cine XXX, ahora es un supermercado; donde estaba el querido Autocine Panamericano anunciaron la construcción de cuatro edificios corporativos.

Un poco mas suerte corrieron el Electra de Vicente López que ahora es un videoclub (una degradación de esa vieja sala, donde una vez fuimos a ver una de Los Muppets con mi hermana y primos, pero al menos ahí todavía se habla de cine); el Bristol de Martinez se convirtió en el teatro mas importante de la zona norte, que recibe tanto a Les Luthiers como a Nestor en bloque; el York de Olivos ahora es un centro cultural que suele pasar películas en video.

La idea no es caer un cinemaparadisismo llorón, ni pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Pero tampoco podemos mirar para otro lado mientras se pierde un espacio tan importante para la cultura cinéfila.


El Astro todavía sigue proyectando, al menos hasta que se funda o aparezca algún emprendedor que lo quiera demoler para poner una concesionaria de autos o una botica de electrodomésticos.

El gobierno municipal de San Isidro hasta el momento no ha dado muestras de interesarse en el asunto. La comunidad en general no lo registra. Hace algunos meses Jorge Alvarez –vecino del barrio y político– creó un grupo usuarios en facebook para intentar salvarlo. Somos tan pocos los anotados que no llegaríamos ni a llenar la sala mas chica del cine.


Nota agregada el 24 diciembre de 2009: Finalmente se anunció el cierre del cine Astro, apenas una semana después del incendio del Bristol.

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6.27.2007

Artículo sobre el Hombre Bestia

Habemus un nuevo articulillo en QuintaDimension.com, en este caso sobre la película El Hombre Bestia o las aventuras del Capitán Richard, cinta pionera del cine fantástico argentino. Película altamente recomendable y que se puede ver online.

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