12.02.2013

Apuntes sobre el doblaje, el español neutro y eso otro que hablamos los argentinos


¡Dóblate ésta! 

Apuntes sobre el doblaje, el español neutro y eso otro que hablamos los argentinos

(...) va a resultar que el cine, en lugar de servir
para mejorar el gusto del público, va a contribuir a empeorarlo
convirtiéndose en vehículo de cosas que conviene más callar que difundir.
Lo mismo sucede con el abuso del lunfardo, (...)
pues fuera de nuestro ambiente la gente tendrá
que usar diccionarios de lunfardo para entender
esos diálogos espesos de ‘exotismos porteños’.
Néstor (Miguel Paulino Tato), sobre el estreno
de Los Tres Berretines (El Mundo, 1933)

Parece que los argentinos (aquí hablo de los bonaerenses, en rigor) hablamos para el orto desde el mismísimo origen de los tiempos. Ya en 1828, un tal Juan Cruz Varela se escandalizaba: “Es generalísimo entre nosotros pero muy principalmente entre los niños, el alargar las sílabas finales de los imperativos, y aún el agregarles una letra, diciendo, v. gr., tomá por toma; corré por corre; vení por ven”[1]. Otro señalamiento de la época -1825- es el del británico Alexander Caldcleugh “The Spanish spoken in Buenos Aires is colonial, or rather provincial, any thing but pure Castilian. Many of the words in most common use are sadly altered from their true pronunciation. Cavallo is pronounced Cavadjo, Calle Cadje, and yo jo"  [2]. Las características de nuestra habla están bien estudiadas desde hace más de un siglo. Resumiendo: el voseo (el vos en lugar del tú, que implica la mencionada modificación de conjugación: vos vení por tu ven), el yeísmo rehilado (el pronunciar la ll como si fuera una y, y todo eso como una sh: “shuvia” por lluvia y así), el seseo (no hacer diferencia entre la s, la z y la c: aquí no suenan distintas esas consonantes en cerebro, zapato o suela), el cheísmo. También hay rasgos muy específicos en cuanto a entonación, formas verbales y, fundamentalmente, un léxico enriquecido por la inmigración y el lunfardo. Varias de estas formas son comunes con otras regiones de latinoamérica. Otras no se comparten ni siquiera con el resto de nuestro país.
El primer intento de analizar el habla local se leyó en Idioma nacional de los argentinos (1900) de Lucien Abeille. Éste era un trabajo que postulaba la idea de que “en la Argentina se hablaba un idioma vernáculo que no coincidía plenamente con el de España y que, por lo tanto, debía ser denominado lisa y llanamente argentino[3].
Ésta forma de hablar, que hace tanto a nuestra identidad, históricamente ha horrorizado a demasiada gente. Como a Arturo Capdevila -que fuera miembro de la Academia de Letras- quien escribió en Babel y el Castellano (1928):
Pero la verdadera mancha del lenguaje argentino es el voseo. La frase rioplatense está como salpicada de viruelas con esa ignominiosa fealdad. Es de veras extraño que un pueblo tan hermosamente orgulloso de su personalidad como el nuestro haya venido a singularizarse con tan calamitoso rasgo. Porque, ¡ay!, es demasiado pintoresco el voseo argentino para fundar en él una satisfacción patriótica... Ese mazacote del pronombre vos entreverado con los enclíticos y posesivos del tú Cállate vos... Venite aquí con tu libro.., A vos te hablo... Ite, que me incomodas... constituye de por sí un atentado contra la lógica. Ni habla bien el que piensa mal ni piensa bien el que mal habla. Hablar así es verdaderamente una caída en el caos. El pensamiento no puede salir incólume, a la postre. 
Eran tiempos donde la vida cultural estaba dominada por un nacionalismo tradicionalista e hispanista y donde tipos como Ricardo Rojas protestaban por la existencia de un “castellano incorrecto, barbarizado”. Claro, no podemos perder de vista el contexto histórico. Argentina, y especialmente Buenos Aires, eran receptores de cientos de miles de inmigrantes. El censo de 1914 había contado en la Capital una población de un millón y medio de habitantes, donde más de la mitad eran extranjeros. De ahí que hubiera tantas comparaciones con la bíblica Babel. En algunos sectores existía el miedo de que ciertos grupos homogéneos y numerosos -los italianos, por ejemplo, aunque en rigor no eran idiomáticamente muy uniformes- implantaran una segunda lengua que le disputara el terreno al tradicional castellano. La “defensa del idioma” era la punta del iceberg de una idealizada lucha por defender el siempre hipotético “Ser Nacional”.
Pero más allá del debate sobre el hablar bien y el hablar mal, el rioplatense se impuso en los barrios y en los medios de comunicación: Es decir, en los discos de tango, en los radioteatros, en el cine. Si bien hay excepciones, en las películas más populares de la década de oro del cine nacional se escucha la voz de la calle. Las figuras más importantes, no hablaban de tú. Libertad Lamarque vosea en Besos Brujos (1937) igual que lo hace Hugo del Carril en La vida de Carlos Gardel (1939). Y eso no perjudicó su carrera comercial internacional. De hecho más bien lo contrario, Del Carril y Lamarque fueron las mayores figuras del cine argentino en Latinoamérica. Paralelamente, el cine argentino fue perdiendo peso -coincidencia o no- en la época en que empezó a hablar de tú, y perdió su indentidad.

El más pedantón de los argentinos
Pero en junio de 1943, apenas 6 días después del golpe de estado que derrocó al no muy democrático Ramón Castillo, el flamante Director General de Correos y Telégrafos, el teniente coronel Aníbal F. Imbert, publicó una circular donde solicitaba la cooperación de las radios para que se diera cumplimiento riguroso a las normas incluidas en las "Instrucciones para las Estaciones de Radiodifusión”. Estas instrucciones habían sido publicadas en 1934, pero nadie las respetaba. La instrucción nº 1, como señala María Alejandra Vitale en su muy recomendable investigación que aquí cito extensamente, era “Que en toda clase de transmisiones, sin excepción alguna, debe cuidarse con rigurosa escrupulosidad una absoluta corrección en el empleo del idioma castellano, evitando toda palabra del 'argot` o bajofondo y los modismos que lo desvirtúan y son tan comunes en el decir corriente, como 'salí`, 'andá`, etc.”.
El proyecto cultural de la “revolución del 43” estaba encarnado por Gustavo Martínez Zuviría -nombre real del escritor Hugo Wast, autor de oscuras novelas antisemitas como El Kahal-Oro-, quién asumía en el Ministerio de Educación. Otro personaje de gran peso, podría decirse que el soporte ideológico del régimen, era el Monseñor Gustavo Franceschi. Un tipo que por entonces tenía abiertas simpatías por el fascismo, especialmente en su vertiente franquista. El golpe de 43 fue de neto corte militarista, clericalista y nacionalista. En el plano idiomático, reivindicaba las raíces hispanas.
La noticia de la nueva rigurosidad en la radio fue recibida con alegría por los sectores más derechistas de la opinión pública. Así El Pampero, periódico financiado por la Embajada Alemana del Tercer Reich, señalaba que “habrá un severo reajuste, el cual comenzará con la depuración del lenguaje arrabalero y extranjerizado que usan locutores y actores, y terminará en el enaltecimiento general de las transmisiones, desde el punto de vista de los valores nacionales y cristianos”. El claramente antisemita y pro-eje Crisol festejaba “ha llegado con el beneplácito de la gente de bien un gobierno que se ha decidido a extirpar las muestras de incultura, el lenguaje incorrecto, la perversión musical y demás absurdos que irradiados a través del micrófono permitían a los judíos de la radio amasar fortunas”. Por su parte el más liberal -y pro-aliados- La Nación la radiotelefonía había dado patente artística a 'esa bazofia idiomática`, la germanía arrabalera, forma baja de la influencia extranjerizante”. Igualmente, dentro de esos mismos medios aportaban matices. Por ejemplo el propio El Pampero, si bien rechazaba el lunfardo, consideraba al voseo como parte de la cultura nacional “ni siquiera el más pedantón de los argentinos podría hablar de 'tú'”.
En otra vereda, el diario El Mundo se opuso firmemente “Hay que preparar un diccionario argentino, catálogo de las voces que se emplean entre personas que usan la trama del idioma español (...) el tono aristocrático de los diccionarios debe cambiar democratizándose. Debe recoger y almacenar las voces del pueblo, estén o no pulidas por los literatos” . Pero claro, sus reclamos no fueron muy escuchados.
Por esas mismas fechas es cuando censuraron y prohibieron en Radio Splendid a Catita, el famoso y mal hablado personaje de Niní Marshall. También se “mejoraban” los tangos, cambiando cosas como Yira, yira por el más correctito Camina, camina.
No tengo registros de que en el cine hayan existido directivas tan explícitas como en la radio. Pero redepente el tú desplazó casi por completo al vos. Y esto duró mucho tiempo después de que el gobierno del golpe del ´43 fuera reemplazado por Perón (bueno... Perón fue parte del golpe del ´43). No se puede hacer una correspondencia exacta entre los tipos de gobierno y los tipos de cine, pero es claro que hay una relación... ciertos climas de época. El caso del “cine de adaptación” es el más notable rasgo de la cinematografía del momento. Con La novela de un joven pobre de 1942 se larga una cadena de intentos de llevar Grandes Historias de la Literatura Universal -así, con mayúsculas- a la pantalla. Nombres como Octave Feuillet, Arthur Schnitzler, Leon Tolstoi, Robert Louis Stevenson, Fiodor Dostoievsky, Alejandro Dumas (padre y también su hijo) y varios más, empezaron a formar parte del elenco estable de nuestro cine. Esto derivó en un cine del , del no lugar, de la atemporalidad, del no conflicto social. Esta saga siguió hasta entrados los ´50. Así es que el cine del peronismo, en rigor, invirtió el famoso mito gorila. Era un libros si, alpargatas no. Fue un cine con mucho de Madame Bovary y casi nada sobre gente en patas, como en la excepcional -en todo sentido- Las aguas bajan turbias.


Educación, voseo y la señorita Mabel bajo la lluvia
Al visitar algunas escuelas, he hallado maestros que
decían a sus alumnos: sentate o parate.
Este defecto debió ser corregido hace tiempo.
El maestro tiene plena libertad para dirigirse al alumno
empleando el pronombre tú o usted,
pero debe hablar siempre en castellano.Cita de un inspector educativo hacia 1909, mencionado en
Antecedentes y derivaciones del voseo argentino
de Ángela L. Di Tullio


Desde hace cierto tiempo se considera al voseo como norma culta y no como una desviación, la mayor parte de la literatura argentina del siglo XX así lo refleja. Como norma culta se entiende a esa serie de reglas que hacen al hablar asumido como correcto. Como ejemplo, acentuar la última sílaba y hacer un “que hacés” en lugar de un “que haces” es socialmente aceptado. Pero agregar un s al final de una conjugación en pretérito perfecto simple -como corristes, o caminastes- si bien también se escucha mucho, no es “norma culta”. Lo complicado aquí es que esas “normas” son unas reglas paraeducativas, porque no se estudian en las escuelas. Al menos, y como ejemplo, en mi época de escolar -en los 80´- rigurosamente se estudiaban las conjugaciones -yo, tú, él...- evitando el voseo. Y todavía me acuerdo de la Señorita Mabel retándome porque yo decía “lluvia”, cuando debería haber dicho algo como “liuvia”.
Es cierto que en manuales muy recientes he llegado a ver un yo - tú - él - vos - nosotros... pero esto no parece ser una regla generalizada bajada del Ministerio de Educación. Un trabajo reciente y muy interesante hizo un relevamiento de manuales escolares de escuelas primarias: “de 97 casos del corpus, 56 ejemplares cuentan con un cuadro de conjugaciones verbales: 20 de los 56 conjugan sólo las segundas personas peninsulares (tú/vosotros), mientras que 36 ofrecen todas las alternativas (vos/tú/usted y ustedes/vosotros). Es de destacar que ningún cuadro de conjugación verbal de los manuales que se emplean en el Río de la Plata es exclusivamente voseante”.
En la misma dirección se expresa Carolina Tosi “Estudios han demostrado que los manuales escolares suelen evitar dirigirse al destinatario a través del voseo y así hacen circular una representación de las formas voseantes como marcas de una variedad subestándar, limitadas a un uso coloquial.” ¡Y eso que el voseo es de las “desviaciones” más aceptadas!
Es decir que una buena parte de los niños que van a las escuelas aún son educados bajo el concepto de que las voces de la calle son un habla a-normal, mientras escriben en los pizarrones frases pedantonas que nunca van a usar.

TV,castellano neutro y el boludo en Los Ángeles
En los inicios de la TV se impuso el doblaje mexicano en toda latinoamérica. Y con el se asumió que esa forma de hablar, quitándole algunas expresiones muy localistas, era el grado cero. El “castellano neutro”. Así lo explicaba el mexicano Enrique Candiani, unos de los pioneros del doblaje al negar la existencia del mentado español neutro: "Cuando llegamos a hacer doblaje, en 1955, traíamos una herencia dejada por el cine mexicano, que ya se había estado exponiendo por veinte o treinta años en estos países y automáticamente se convirtió en el español propio para la TV. Lo que hicimos fue un estudio de mercado. Los países estaban acostumbrados al efecto sonoro del cine mexicano. Pero che, si sacamos los cuates, los chingados y las chamarras... eso que queda esta muy lejos de la neutralidad. Sin embargo este doblaje se impuso como el estándar en nuestro país. Porque si bien siempre hubo material doblado localmente (en empresas como Alex o Tecnofilms) siempre nos sonaba raro si tenia una entonación local.

Hace unos meses nos enteramos de la relgamentación de la vieja ley de doblaje, votada en 1986,apenas cuatro años después de que la Academia Argentina de Letras finalmente aceptara el voseo, pero “siempre y cuando se conserve dentro de los límites que impone el buen gusto”. Es claro que pasaron muchas cosas desde 1986. Entre otras cosas, se puede considerar como muy positivas las gestiones de los canales estatales Encuentro y Pakapaka.
Cualquiera que tuvo hijos en edad de exposición catódica sabe del tormento que significa la atrocidad de esos programas neutralizados. El resultado son niños replicando el idioma de Elmo, Hi5, la casita de Mickey Mouse y el dinosaurio “te quiero io” Barney. La política de aquellos canales oficiales fue la imposición de un “argentino neutro”. Este “argentino neutro” no tiene nada que ver con el “castellano neutro”. El segundo es un supuesto grado cero de la forma de hablar en latinoamérica. El primero, el hipotético grado cero de la forma de hablar de argentina (porque, claro, en el país no se habla en todos lados de la misma manera). Ambas son construcciones ficticias, pero la pretensión de unificar el habla de 400 millones de personas -repartidas en más de 20 países que ocupan más de 20 millones de kilómetros cuadrados- es mucho mas delirante que la idea de hacerlo en un único país de 40 millones, todos regidos por el mismo sistema educativo, expuesto mas o menos a las mismas tradiciones y sometido a los mismos rayos catódicos.
Este “argentino neutro” -catalogado como “la variedad dialectal del español hablada en la mayor parte del territorio de la República Argentina”, aunque se escucha como un porteño moderado- es definido con precisión en los pliegos para la contratación de doblajes para el canal Encuentro: “el uso del voseo, su forma particular de yeísmo y un patrón de entonación marcadamente rítmico”. Incluso se precisa que sólo se puede dejar de usar el voseo “a modo de resguardar el contexto en momentos históricos” (bajo el supuesto de que el voseo es un asunto reciente, asunto discutible como dije mas arriba). Para entender la diferencia entre los distintos tipos de doblajes, por aquí se puede ver un episodio de la serie brasilera Cocoricó, que se ve en Paka Paka con doblaje en “argentino neutro” y otra versión con doblaje “español latino”, hecho en Venezuela.
Es decir, el asunto del habla nacional decantó en una medida de Estado específica y -creo yo- elogiable: el gradual reemplazo de un irreal “castellano neutro” por un “argentino neutro”, discutible pero más cercano. Lo notable es que se escuchan muchos compatriotas quejándose por este doblaje, como en este blog donde el autor se pregunta “¿por qué uno puede tragarse gustoso un programa doblado al mexicano o al español neutro, pero le parece insufrible que las voces sean de compatriotas?”. Las críticas a los doblajes argentinos de películas como Los Increíbles, Cars o Chiken Little en general fueron mas o menos aceptables, pero los comentarios del público fueron lapidarios. ¡También hay argentinos que se preguntan ¿Por qué es insoportable el doblaje argentino! El rechazo de las voces locales llegaron al colmo con se escucharon críticas al “doblaje” de Metegol, cuando estamos hablando... ¡de las voces originales de una película nacional!.
Evidentemente es una cuestión cultural, una combinación de la educación culposa y una costumbre decantada durante décadas y décadas de consumos televisivos de doblajes importados. Juan Sasturain, hablando de doblajes y traducciones, dijo una vez que “no se puede decir boludo en Los Angeles sin que todo se derrumbe”. Los chicos de Farsa Producciones lo procesaron de la misma manera con su saga Plaga Zombie. Según ellos mismos aclaran, todo se originó con New York Cop, una serie de cortos que hacían siendo pebetes que “trataban sobre un policía de Nueva York y, por consiguiente, estaban hablados en castellano neutro, como los doblajes”. Para varias generaciones criadas por el consumo de series norteamericanas -de la década del ´60 en adelante, digamos- lo verosímil es que en Nueva York y en boca de un yanqui se oiga un “préstame atención, Mike” y no un “prestame atención, Mike”. Pobre Mike ¡Si el tipo sólo entiende el inglés!

Darth Vader, Luke y la Ley de doblaje
Es claro que el objetivo primario del decreto que reglamentó nuevamente la dichosa ley es el de proteger a los trabajadores de la precaria industria del doblaje local, siempre atada a la volátil valoración del dólar en cada país de latinoamérica. Los contratos de doblaje vuelan hacia el país con la moneda local más devaluada. La ley 23.316 habla de “doblaje en idioma castellano neutro, según su uso corriente en nuestro país”. Lo del “castellano neutro” tal vez tendría un sentido en los ´80, cuando recién se aceptaba oficialmente el voseo (en 1982, repito) y cuando a nivel escolar se desechaba totalmente caer en un regionalismo. 25 años después, con ciertos cambios educativos -hay manuales escolares que empiezan a reflejar el habla real- y modificaciones culturales en los patrones de ciertos medios de comunicación -insisto con Paka Paka y Encuentro- decepciona y se entiende como un retroceso que en vez de “argentino neutro” se hable de “castellano neutro”.
Es interesante ver este Atlas interactivo de la entonación en español para ver la imposibilidad de encontrar un punto intermedio entre todos los matices del habla al sur del Río Grande. Entonces elegir decir “auto”, “carro” o “coche” es el detalle menor. Hay tonadas, giros, formas verbales que escapan a las meras sutilezas de léxico. Sin embargo se insiste con meter en una bolsa, apelmazar las diferencias y sacar una versión unificada y estandarizada. Evidentemente es una gran negocio para las grandes distribuidoras de cine y los emporios de la TV paga. Minimizan costos, maximizan ganancias. Así es el mercado. Lo verdaderamente grave de esto es que aquí, en Argentina, en vez de limitar una práctica que termina empantanando los cerebritos de millares de niños, se imponga por LEY ese mexicano destilado como “lengua oficial” (sic).

Hay varias cosas para reprobar de este idioma ficticio, entre lo más fulero es que el “castellano neutro” no neutraliza el país origen del doblaje, pero si lo hace con las diferencias sociales y los matices culturales. ¿Acaso es lo mismo que Jesse Pinkman le diga a Walter White, agarrándose las partes íntimas, "Speak into the mic, bitch!" que el "¡Háblele al micrófono, maníático!" de la versión doblada en “español latino”? En neutralandia los yonquis hablan igual que un prolijo profesor de secundaria. La forma de no hacerlo -lo vi en algunas películas- sería recurrir al slang de los bajos fondos el DF.

Por eso yo en lo personal prefiero ver películas y series subtítuladas. Pero la nueva regulación no contempla excepciones en los canales con base en nuestro país: todo el material que emitan debe ser doblado. Lo preocupante es que Canal 7 pasa muchas películas subtituladas en ciclos invaluables. ¿Que pasará con ellos? Gente que trabaja en el tema asegura que habría una ventana en la Ley de SCA, pero eso habrá que verlo.

Los canales de base externa (casi todos los de cable) pueden seguir al margen de la ley, como lo vienen haciendo sistemáticamente al cortar y censurar películas a rolete. Pero a pesar de no estar regulados, todos están tendiendo a doblar el material que pasan. En riguroso “neutro”, como te imaginarás.
Quedará para discutir en otra ocasión la “neutralidad” del subtitulado.

Lo que hay que decir de la regulación de esta ley, es que el público reaccionó mayoritariamente de manera exactamente contraria a la mía. Las preocupaciones y chistes twitteros ironizaban de que ahora todos los doblajes fueran en “argentino”, tipo “Luke, yo soy tu viejo”.
No se, no descarto estar equivocado, para variar. Pero huelo una contradicción en una sociedad que se rasga las vestiduras por que se empieza -antitradicionalmente, parece- a festejar Halloween y, paralelamente, se manifiesta para que los doblajes no sean "en argentino".

Para terminar
No tengo nada en contra del doblaje mexicano. La discusión tampoco pasa por decir que los porteños somos macanudos y hablamos a la perfección... o absolutamente todo lo contrario. Hablamos así, y punto. Es probable que no sea un habla que guste en otros países. O, incluso, que no guste en importantes zonas de nuestros propio país.
La discusión, en realidad, es porqué carajos históricamente negamos y/o reprobamos nuestra propia forma de hablar. Lo hicimos en 1830, en 1900, en 1928, en 1943, en 1986 y ahora en 2013. Y la pregunta es como, a pesar de todo, nuestra voz resiste. Se pianta cuando la quieren atrapar entre las tapas de un diccionario, se mantiene a pesar de los decretos de los generales, aguanta aunque la ninguneen en las escuelas, se planta cuando pretenden “neutralizarla” en los medios de comunicación. Pasaron casi dos siglos de aquellos chicos que gritaban por la calle “vení” y “corré”, como anotó compungido Juan Cruz Varela. ¡Y ahora los chicos siguen gritando lo mismo!
No se si existirá el famoso Ser Nacional (concepto por el cual se han urdido algunos de los actos más perversos de nuestra historia) y probablemente no importa si lo hay. Pero si la idea es buscar alguna vez algo parecido a una identidad, definitivamente nunca la vamos a encontrar si nos hacemos los boludos sobre como suenan nuestras propias voces.





[1] Citado por María Beatriz Fontanella de Weinberg  en El voseo en Buenos Aires en las dos primeras décadas del siglo XIX  Thesaurus : boletín del Instituto Caro y Cuervo, 26 (3). pp. 495-574.
[2] Citado en Katharina Link.  El yeísmo bonaerense - un análisis sociolingüístico http://www.narr-studienbuecher.de/downloads/spanische_sprachwissenschaft/musterhausarbeit_235.pdf
[3]Miranda Lida, “Entre los despojos del peronismo. Esplendor y ocaso del  Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires (1927-1946)”, Temas  de historia argentina y americana, no. 16 (2010), http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/despojos-peronismo.pdf

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3.27.2009

El Astro: La muerte del último cine de barrio

Ojeando uno de esos ofensivos desperdicios de papel que son las revistitas de ventas de casas, veo un aviso que puede pasar desapercibido si uno no es productor inmobiliario, pero que implica la destrucción de un espacio fundamental para la cultura de la zona norte.
Esos “843 metros cubiertos, aptos cualquier destino” que ofrecen en alquiler por 18.000 dólares mensuales (!) no son otra cosa que el mítico cine Astro, el último cine de barrio, desde la General Paz hacia el norte (y no creo que haya muchos otros casos en el resto del gran Bs As), que todavía funciona dentro del circuito comercial cinematográfico.

El Cine Astro se inauguró el 23 de marzo de 1933. Fue la gran obra de Ido Bentivogli un sastre que a los 25 años abandonó su oficio por la fantasía de poner un cine en Martínez, por aquella época un pueblito suburbano con muchos baldíos y calles de tierra. En sus orígenes también fue teatro, y se cuenta que actuaban figuritas de la talla de Azucena Maizzani o Carlos Gardel. Desde entonces, y junto con el cine Bristol creado por el propio Bentivogli en la década siguiente, en esa cuadra de la Avenida Santa Fé al 1800 se consolidó el centro social y cultural de Martínez. No por nada mi abuelo instaló ahí su disquería Casa Sapere, en la época en que los discos giraban en 78 rpm. Ahí vieron sus primeras películas mis viejos, cuando todavía no había TV. A esos cines íbamos los pibes del barrio, las veces que lográbamos juntar las monedas suficientes, para ver en algún doble programa la última de Adriano Celentano. La poca cultura cinéfila que tengo la conseguí ahí (y en el querido y fenecido Cine Casino, de Punta Mogotes ¡cada día una película distinta durante todo el verano!)

"Hace 18 años que tendría que haber cerrado" confesó Carlos Bentivogli, hijo del fundador, en una nota publicada el año pasado en el diario zonal Prensa Libre. Arrasados sucesivamente por la TV, el video, el cable y los shoppings, los cines de barrio de toda la ciudad de Buenos Aires y alrededores fueron cayendo en la ruina. El otro gran problema pasa por los distribuidores, que se la juegan por pochoclín y sus secuaces. Lo señala Bentivogli “las distribuidoras y las cadenas acuerdan y te mandan las películas después de tres meses”.

Con el auge de los multicines el Astro pudo aggiornarse un poco, dividiéndose en dos salas (470 y 230 espectadores). Eso y la tozudez de una familia que se resistió a dejarlo caer, tal vez fue lo que lo dejó sobrevivir mas que ninguno. Hasta ahora.



Hace un tiempo llevé a mi hijo al Astro a ver Spiderman 3. Podía haberlo a llevado a cines que tecnológicamente humillan a esta vieja sala (acá cerca hay una sala con THX, y un poco mas allá está el IMAX) o mas baratos (el Coto de Olivos es un hallazgo). Preferí el Astro, no como una suerte de rito iniciático cinéfilo que probablemente un chico de seis años no pueda percibir, sino como un reencuentro con ese ritual en el que me introdujeron mis viejos, de comprar maní con chocolate e ir al cine del barrio.

Porque el cine no es sólo el sonido y la sucesión de los 24 cuadros por segundo, también es una ceremonia colectiva. Es encerrarse en un viaje con un montón desconocidos y compartir por dos horas las risas, los sustos, la tensión o el sopor que produce una película. ¿Cuántas sensaciones se habrán acumulado en esa paredes manchadas y en las notablemente duras y ajadas butacas en estos setentiseis años de historia? Si ver una película es un ritual, la sala ocupa el lugar de un templo. Y –siguiendo la berreta metáfora religiosa– la distancia entra una sala cinematográfica de shopping y una de setenta años es la misma que hay entre una iglesia inaugurada el año pasado y alguna de esas derruidas catedrales medievales que hay en las europas.


Tengo un recorte de un diario zonal de mayo de 1982, donde aparecen los cines de la zona norte. Pasar superficialmente lista es deprimente. El Atlantic de Olivos pasó a ser una iglesia evangelista, cómo el Super de Boulogne, el Avenida de Vicente Lopez y el Hispano de San Fernando (curiosamente, algunos templos también fracasaron y cerraron); el California de Beccar y Gran Acassuso de San Isidro fueron demolidos; el Gran Delta de Tigre está abandonado; el San Isidro, luego se su breve paso como cine XXX, ahora es un supermercado; donde estaba el querido Autocine Panamericano anunciaron la construcción de cuatro edificios corporativos.

Un poco mas suerte corrieron el Electra de Vicente López que ahora es un videoclub (una degradación de esa vieja sala, donde una vez fuimos a ver una de Los Muppets con mi hermana y primos, pero al menos ahí todavía se habla de cine); el Bristol de Martinez se convirtió en el teatro mas importante de la zona norte, que recibe tanto a Les Luthiers como a Nestor en bloque; el York de Olivos ahora es un centro cultural que suele pasar películas en video.

La idea no es caer un cinemaparadisismo llorón, ni pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Pero tampoco podemos mirar para otro lado mientras se pierde un espacio tan importante para la cultura cinéfila.


El Astro todavía sigue proyectando, al menos hasta que se funda o aparezca algún emprendedor que lo quiera demoler para poner una concesionaria de autos o una botica de electrodomésticos.

El gobierno municipal de San Isidro hasta el momento no ha dado muestras de interesarse en el asunto. La comunidad en general no lo registra. Hace algunos meses Jorge Alvarez –vecino del barrio y político– creó un grupo usuarios en facebook para intentar salvarlo. Somos tan pocos los anotados que no llegaríamos ni a llenar la sala mas chica del cine.


Nota agregada el 24 diciembre de 2009: Finalmente se anunció el cierre del cine Astro, apenas una semana después del incendio del Bristol.

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1.12.2006

Cine Bizarro, definiciones, explicaciones y excusas

Creo que fue mientras se desarrollaba el festival Buenos Aires Rojo Sangre que Magdalena Rodríguez se contactó conmigo interesada en hacer una nota sobre "lo bizarro". Tal vez fue pocos días antes o pocos días después, no estoy seguro. Lo que me acuerdo es que tuve muy poco tiempo para responder el pequeño cuestionario que recibí por mail. Por lo tanto apenas esbocé algunas ideas que tenía sobre el tema, sin profundizar demasiado. Igualmente, gran parte de eso no salió en la nota, que acaba de publicarse en Clarín: Arte "bizarro" CULTURA : UNA TENDENCIA QUE ATRAVIESA DISTINTAS DISCIPLINAS.

Como sea, la publicación de Arte "bizarro" me da pie para insitir sobre esos borradores sobre la "bizarrez".

En su momento le escribí a Magdalena que "Bizarro se aplica a tantas cosas que, en la práctica, ya casi no significa nada". El artículo de Clarín coincide: Incluye en la ensalada objetos de sex shops, muñequitos al estilo Tim Burton, películas de terror, lagartos de goma, serpientes, ritos umbanda, obras de teatro y libros hechos con repasadores manchados. Bizarro es una palabra hueca. Si TODO es bizarro, NADA es bizarro.
Entonces ¿Que es el tan mentado CINE BIZARRO?

La movida del llamado "cine bizarro" empezó a comienzos de los ´90, con algunos ciclos de cine, videoclubs o revistas especializadas. Cuajó definitivamente con la publicación del libro homónimo de Diego Curubeto. El mismo es un desordenado (y divertido) catálogo de películas reunidas porque al autor le parecieron lo suficientemente extravagantes. Eso incluía Titanes en el Ring, la Coca Sarli, Luis Buñuel, Enrique Carreras, Jacques Tourneur, Cronenberg, el cine 3D, Godzilla... y un largo etcétera.

En su libro "Los géneros cinematográficos" (que cito de memoria, así que espero no pifiar demasiado), Rick Altman afirma que los géneros son dinámicos. Que en cualquier momento puede crearse uno nuevo. El tipo señala varios ejemplos en esa dirección. Según Altman la génesis de un género esta en los adjetivos. Un ejemplo son los "Buddy Films", los "films de compañeros" (conocemos el molde, puede ser un policia joven y uno viejo cerca del retiro unidos por la fuerza o algo por el estilo, donde gran parte de la joda pasa por la relación entre ambos... ahí están Arma Mortal, Rush Hour,...). En principio eso de Buddy era un adjetivo mas o menos despectivo para denominar este tipo de películas. Hoy por hoy es un género con reglas reconocidas por el público y la crítica. La interesante película argentina Tiempo de Valientes fue presentada en varias reseñas como una Buddy Movie.
Lo que pasó es que aquello de "Buddy Film" pasó de adjetivo a sustantivo. De mero calificativo a algo con nombre propio. Pensemos en el Spaguetti Western, que durante años fue el hijo bobo del cine del oeste yanqui y hoy se lo mira como un género en si mismo.
Según Altman, este proceso se consigue en la medida que tanto los productores como los espectadores estabilicen el uso de un adjetivo. Y para eso, la crítica cinematográfica cumple un papel fundamental, como una suerte de guía en el ordenamiento o clasificación de películas. Altman afirma que "la crítica" crea géneros o, al menos, los propone.
Cuando leí esto me pareció discutible. Pero luego se me vino encima la categoría de Nuevo Cine Argentino impuesta por la crítica local de un tiempo a esta parte y que finalmente todos mas o menos reconocemos.

Este cuento tiene que ver con la comprensión del término "bizarro". Éste, como es lógico, empezó como un simple adjetivo para denominar ciertas películas con elementos extravagantes. En eso Curubeto saca su libro. Podría pensarse que este era el momento de empezar a "sustantivar" el término, cuando un crítico propone series, coincidencias o puntos de análisis. Sin embargo el libro carece de todo tipo de elemento racional.
El libro "Cine Bizarro" no es -ni pretende ser, vale aclararlo- un intento de pensar o racionalizar un proyecto de género cinematográfico. Es sólo una suerte de "guía de visionado" de películas que el autor califica como bizarras.

El resultado fue, entonces, que el término se hizo popular sin haber superado su etapa de adjetivo. El "cine bizarro" no es un género, ni una serie, ni una clasificación ni nada con nombre propio. Pero, librado a su suerte, se ubicó cómodamente en la boca de todos.

EL CINE MALO
Curiosamente, de las miles de películas que propuso el libraco de Curubeto, que se comentaron en La Cosa (especializada en cine fantastico y bizarro) o que se alquilan en Mondo Macabro (cuyo slogan es "Video bizarro"), sólo un pequeño porcentaje son considerables como películas malas. A pesar de eso, la acepción que terminó popularizando fue la del bizarro como un "cine mal hecho".
Supongo que esto tiene que ver con la falta de un soporte teórico o una definición eficiente. De la gran ensalada iniciática, los grandes géneros fueron extirpando sus héroes mas queridos. A pesar de que Curubeto escribe sendos capítulos en su libro, la Hammer Films sigue siendo terror, Tarzan sigue siendo aventuras, John Carpenter es cine fantástico y el Blaxploitation es aún Blaxploitation.

Quiero decir que el proyecto inicial del cine bizarro no logró tener el peso teórico como para mantener bajo su yugo películas o autores asociados a un género establecido. Por lo tanto, sólo pudo retener las cosas que ningún género reclamaba, ya sea por ser únicas en su especie (Isabel Sarli/Armando Bo, Mondo Films, Russ Meyer, John Waters), por tocar temas o tópicos mas o menos inclasificables (Alucinógenos, Luchadores, Insectos mutantes gigantes) o por ser tan malas que no cumplían los requisitos para ser aceptadas en ningun club decente (Enrique Carreras, Ed Wood).

Es así que se fue consolidando la asociación del lo bizarro con el cine de dudosa factura.

El resultado es que muchos héroes del cine bizarro local decidieron despegarse del término. La mítica película Plaga Zombie fue estrenada en una Maratón Bizarra Nacional en el cine Atlas por el año 1999. Hoy por hoy, la gente de Farsa Producciones se ofende -con justa razón- si los calificás de bizarros.
La revista La Cosa fue siempre de "cine fantástico y bizarro" (eso decia su logo). Desde hace unos dos años, es sólo sobre "cine fantástico". Y eso a pesar de que su contenido no cambió en lo mas mínimo. Solo eliminaron la etiqueta.

La gran pregunta es ¿Porque el festival Rojo Sangre tiene esa palabra en los afiches (dicen festival internacional de cine de terror, fantástico y bizarro)? ¿Es que solo se pasan películas mal hechas? Se me ocurren -a título personal- un par de argumentos:

  • Mantenemos el termino bizarro como reliquia de nuestra primera edicion (año 2000) cuando la palabra no estaba tan licuada.
  • Porque es posible que, a partir de hacer un "festival bizarro" con películas buenas, se pueda romper la asociación con el "cine mal hecho"
  • Porque nos permite jugar con una especie de comodín, dándonos libertad para programar. Podemos meter cosas, que nos gustan mucho, pero no entran ni en el fantástico ni en el terror -un Spaguetti Western, por ejemplo- argumentando que es algo bizarro. ¿Me explico? El BARS es un festival de cine de terror, fantastico y bizarro. Lo que significa de terror, fantastico y "etcétera"...
  • Porque hay gente a la que le atrae, en general, el cine extraño. En gran parte eso es lo que pasamos en el festival y no hay otra etiqueta posible mas que "bizarro".
  • Porque cada tanto algún medio se interesa por lo bizarro -ahora Clarín, el anteaño la revista Debate, etc.- y al considerarnos como una especie de referente del asunto, ligamos algo de prensa. Para un festival ultraindependiente como el nuestro, eso siempre es un logro.


    referencia:
    CULTURA : UNA TENDENCIA QUE ATRAVIESA DISTINTAS DISCIPLINAS
    Arte "bizarro"
    Lo feo y lo raro como materia prima
    Trabajan con sangre, con carne o con representaciones desagradables. Para algunos, es una forma de convertir lo más descabellado en modernidad.
    http://www.clarin.com/diario/2006/01/08/sociedad/s-05015.htm
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