12.02.2013

Apuntes sobre el doblaje, el español neutro y eso otro que hablamos los argentinos


¡Dóblate ésta! 

Apuntes sobre el doblaje, el español neutro y eso otro que hablamos los argentinos

(...) va a resultar que el cine, en lugar de servir
para mejorar el gusto del público, va a contribuir a empeorarlo
convirtiéndose en vehículo de cosas que conviene más callar que difundir.
Lo mismo sucede con el abuso del lunfardo, (...)
pues fuera de nuestro ambiente la gente tendrá
que usar diccionarios de lunfardo para entender
esos diálogos espesos de ‘exotismos porteños’.
Néstor (Miguel Paulino Tato), sobre el estreno
de Los Tres Berretines (El Mundo, 1933)

Parece que los argentinos (aquí hablo de los bonaerenses, en rigor) hablamos para el orto desde el mismísimo origen de los tiempos. Ya en 1828, un tal Juan Cruz Varela se escandalizaba: “Es generalísimo entre nosotros pero muy principalmente entre los niños, el alargar las sílabas finales de los imperativos, y aún el agregarles una letra, diciendo, v. gr., tomá por toma; corré por corre; vení por ven”[1]. Otro señalamiento de la época -1825- es el del británico Alexander Caldcleugh “The Spanish spoken in Buenos Aires is colonial, or rather provincial, any thing but pure Castilian. Many of the words in most common use are sadly altered from their true pronunciation. Cavallo is pronounced Cavadjo, Calle Cadje, and yo jo"  [2]. Las características de nuestra habla están bien estudiadas desde hace más de un siglo. Resumiendo: el voseo (el vos en lugar del tú, que implica la mencionada modificación de conjugación: vos vení por tu ven), el yeísmo rehilado (el pronunciar la ll como si fuera una y, y todo eso como una sh: “shuvia” por lluvia y así), el seseo (no hacer diferencia entre la s, la z y la c: aquí no suenan distintas esas consonantes en cerebro, zapato o suela), el cheísmo. También hay rasgos muy específicos en cuanto a entonación, formas verbales y, fundamentalmente, un léxico enriquecido por la inmigración y el lunfardo. Varias de estas formas son comunes con otras regiones de latinoamérica. Otras no se comparten ni siquiera con el resto de nuestro país.
El primer intento de analizar el habla local se leyó en Idioma nacional de los argentinos (1900) de Lucien Abeille. Éste era un trabajo que postulaba la idea de que “en la Argentina se hablaba un idioma vernáculo que no coincidía plenamente con el de España y que, por lo tanto, debía ser denominado lisa y llanamente argentino[3].
Ésta forma de hablar, que hace tanto a nuestra identidad, históricamente ha horrorizado a demasiada gente. Como a Arturo Capdevila -que fuera miembro de la Academia de Letras- quien escribió en Babel y el Castellano (1928):
Pero la verdadera mancha del lenguaje argentino es el voseo. La frase rioplatense está como salpicada de viruelas con esa ignominiosa fealdad. Es de veras extraño que un pueblo tan hermosamente orgulloso de su personalidad como el nuestro haya venido a singularizarse con tan calamitoso rasgo. Porque, ¡ay!, es demasiado pintoresco el voseo argentino para fundar en él una satisfacción patriótica... Ese mazacote del pronombre vos entreverado con los enclíticos y posesivos del tú Cállate vos... Venite aquí con tu libro.., A vos te hablo... Ite, que me incomodas... constituye de por sí un atentado contra la lógica. Ni habla bien el que piensa mal ni piensa bien el que mal habla. Hablar así es verdaderamente una caída en el caos. El pensamiento no puede salir incólume, a la postre. 
Eran tiempos donde la vida cultural estaba dominada por un nacionalismo tradicionalista e hispanista y donde tipos como Ricardo Rojas protestaban por la existencia de un “castellano incorrecto, barbarizado”. Claro, no podemos perder de vista el contexto histórico. Argentina, y especialmente Buenos Aires, eran receptores de cientos de miles de inmigrantes. El censo de 1914 había contado en la Capital una población de un millón y medio de habitantes, donde más de la mitad eran extranjeros. De ahí que hubiera tantas comparaciones con la bíblica Babel. En algunos sectores existía el miedo de que ciertos grupos homogéneos y numerosos -los italianos, por ejemplo, aunque en rigor no eran idiomáticamente muy uniformes- implantaran una segunda lengua que le disputara el terreno al tradicional castellano. La “defensa del idioma” era la punta del iceberg de una idealizada lucha por defender el siempre hipotético “Ser Nacional”.
Pero más allá del debate sobre el hablar bien y el hablar mal, el rioplatense se impuso en los barrios y en los medios de comunicación: Es decir, en los discos de tango, en los radioteatros, en el cine. Si bien hay excepciones, en las películas más populares de la década de oro del cine nacional se escucha la voz de la calle. Las figuras más importantes, no hablaban de tú. Libertad Lamarque vosea en Besos Brujos (1937) igual que lo hace Hugo del Carril en La vida de Carlos Gardel (1939). Y eso no perjudicó su carrera comercial internacional. De hecho más bien lo contrario, Del Carril y Lamarque fueron las mayores figuras del cine argentino en Latinoamérica. Paralelamente, el cine argentino fue perdiendo peso -coincidencia o no- en la época en que empezó a hablar de tú, y perdió su indentidad.

El más pedantón de los argentinos
Pero en junio de 1943, apenas 6 días después del golpe de estado que derrocó al no muy democrático Ramón Castillo, el flamante Director General de Correos y Telégrafos, el teniente coronel Aníbal F. Imbert, publicó una circular donde solicitaba la cooperación de las radios para que se diera cumplimiento riguroso a las normas incluidas en las "Instrucciones para las Estaciones de Radiodifusión”. Estas instrucciones habían sido publicadas en 1934, pero nadie las respetaba. La instrucción nº 1, como señala María Alejandra Vitale en su muy recomendable investigación que aquí cito extensamente, era “Que en toda clase de transmisiones, sin excepción alguna, debe cuidarse con rigurosa escrupulosidad una absoluta corrección en el empleo del idioma castellano, evitando toda palabra del 'argot` o bajofondo y los modismos que lo desvirtúan y son tan comunes en el decir corriente, como 'salí`, 'andá`, etc.”.
El proyecto cultural de la “revolución del 43” estaba encarnado por Gustavo Martínez Zuviría -nombre real del escritor Hugo Wast, autor de oscuras novelas antisemitas como El Kahal-Oro-, quién asumía en el Ministerio de Educación. Otro personaje de gran peso, podría decirse que el soporte ideológico del régimen, era el Monseñor Gustavo Franceschi. Un tipo que por entonces tenía abiertas simpatías por el fascismo, especialmente en su vertiente franquista. El golpe de 43 fue de neto corte militarista, clericalista y nacionalista. En el plano idiomático, reivindicaba las raíces hispanas.
La noticia de la nueva rigurosidad en la radio fue recibida con alegría por los sectores más derechistas de la opinión pública. Así El Pampero, periódico financiado por la Embajada Alemana del Tercer Reich, señalaba que “habrá un severo reajuste, el cual comenzará con la depuración del lenguaje arrabalero y extranjerizado que usan locutores y actores, y terminará en el enaltecimiento general de las transmisiones, desde el punto de vista de los valores nacionales y cristianos”. El claramente antisemita y pro-eje Crisol festejaba “ha llegado con el beneplácito de la gente de bien un gobierno que se ha decidido a extirpar las muestras de incultura, el lenguaje incorrecto, la perversión musical y demás absurdos que irradiados a través del micrófono permitían a los judíos de la radio amasar fortunas”. Por su parte el más liberal -y pro-aliados- La Nación la radiotelefonía había dado patente artística a 'esa bazofia idiomática`, la germanía arrabalera, forma baja de la influencia extranjerizante”. Igualmente, dentro de esos mismos medios aportaban matices. Por ejemplo el propio El Pampero, si bien rechazaba el lunfardo, consideraba al voseo como parte de la cultura nacional “ni siquiera el más pedantón de los argentinos podría hablar de 'tú'”.
En otra vereda, el diario El Mundo se opuso firmemente “Hay que preparar un diccionario argentino, catálogo de las voces que se emplean entre personas que usan la trama del idioma español (...) el tono aristocrático de los diccionarios debe cambiar democratizándose. Debe recoger y almacenar las voces del pueblo, estén o no pulidas por los literatos” . Pero claro, sus reclamos no fueron muy escuchados.
Por esas mismas fechas es cuando censuraron y prohibieron en Radio Splendid a Catita, el famoso y mal hablado personaje de Niní Marshall. También se “mejoraban” los tangos, cambiando cosas como Yira, yira por el más correctito Camina, camina.
No tengo registros de que en el cine hayan existido directivas tan explícitas como en la radio. Pero redepente el tú desplazó casi por completo al vos. Y esto duró mucho tiempo después de que el gobierno del golpe del ´43 fuera reemplazado por Perón (bueno... Perón fue parte del golpe del ´43). No se puede hacer una correspondencia exacta entre los tipos de gobierno y los tipos de cine, pero es claro que hay una relación... ciertos climas de época. El caso del “cine de adaptación” es el más notable rasgo de la cinematografía del momento. Con La novela de un joven pobre de 1942 se larga una cadena de intentos de llevar Grandes Historias de la Literatura Universal -así, con mayúsculas- a la pantalla. Nombres como Octave Feuillet, Arthur Schnitzler, Leon Tolstoi, Robert Louis Stevenson, Fiodor Dostoievsky, Alejandro Dumas (padre y también su hijo) y varios más, empezaron a formar parte del elenco estable de nuestro cine. Esto derivó en un cine del , del no lugar, de la atemporalidad, del no conflicto social. Esta saga siguió hasta entrados los ´50. Así es que el cine del peronismo, en rigor, invirtió el famoso mito gorila. Era un libros si, alpargatas no. Fue un cine con mucho de Madame Bovary y casi nada sobre gente en patas, como en la excepcional -en todo sentido- Las aguas bajan turbias.


Educación, voseo y la señorita Mabel bajo la lluvia
Al visitar algunas escuelas, he hallado maestros que
decían a sus alumnos: sentate o parate.
Este defecto debió ser corregido hace tiempo.
El maestro tiene plena libertad para dirigirse al alumno
empleando el pronombre tú o usted,
pero debe hablar siempre en castellano.Cita de un inspector educativo hacia 1909, mencionado en
Antecedentes y derivaciones del voseo argentino
de Ángela L. Di Tullio


Desde hace cierto tiempo se considera al voseo como norma culta y no como una desviación, la mayor parte de la literatura argentina del siglo XX así lo refleja. Como norma culta se entiende a esa serie de reglas que hacen al hablar asumido como correcto. Como ejemplo, acentuar la última sílaba y hacer un “que hacés” en lugar de un “que haces” es socialmente aceptado. Pero agregar un s al final de una conjugación en pretérito perfecto simple -como corristes, o caminastes- si bien también se escucha mucho, no es “norma culta”. Lo complicado aquí es que esas “normas” son unas reglas paraeducativas, porque no se estudian en las escuelas. Al menos, y como ejemplo, en mi época de escolar -en los 80´- rigurosamente se estudiaban las conjugaciones -yo, tú, él...- evitando el voseo. Y todavía me acuerdo de la Señorita Mabel retándome porque yo decía “lluvia”, cuando debería haber dicho algo como “liuvia”.
Es cierto que en manuales muy recientes he llegado a ver un yo - tú - él - vos - nosotros... pero esto no parece ser una regla generalizada bajada del Ministerio de Educación. Un trabajo reciente y muy interesante hizo un relevamiento de manuales escolares de escuelas primarias: “de 97 casos del corpus, 56 ejemplares cuentan con un cuadro de conjugaciones verbales: 20 de los 56 conjugan sólo las segundas personas peninsulares (tú/vosotros), mientras que 36 ofrecen todas las alternativas (vos/tú/usted y ustedes/vosotros). Es de destacar que ningún cuadro de conjugación verbal de los manuales que se emplean en el Río de la Plata es exclusivamente voseante”.
En la misma dirección se expresa Carolina Tosi “Estudios han demostrado que los manuales escolares suelen evitar dirigirse al destinatario a través del voseo y así hacen circular una representación de las formas voseantes como marcas de una variedad subestándar, limitadas a un uso coloquial.” ¡Y eso que el voseo es de las “desviaciones” más aceptadas!
Es decir que una buena parte de los niños que van a las escuelas aún son educados bajo el concepto de que las voces de la calle son un habla a-normal, mientras escriben en los pizarrones frases pedantonas que nunca van a usar.

TV,castellano neutro y el boludo en Los Ángeles
En los inicios de la TV se impuso el doblaje mexicano en toda latinoamérica. Y con el se asumió que esa forma de hablar, quitándole algunas expresiones muy localistas, era el grado cero. El “castellano neutro”. Así lo explicaba el mexicano Enrique Candiani, unos de los pioneros del doblaje al negar la existencia del mentado español neutro: "Cuando llegamos a hacer doblaje, en 1955, traíamos una herencia dejada por el cine mexicano, que ya se había estado exponiendo por veinte o treinta años en estos países y automáticamente se convirtió en el español propio para la TV. Lo que hicimos fue un estudio de mercado. Los países estaban acostumbrados al efecto sonoro del cine mexicano. Pero che, si sacamos los cuates, los chingados y las chamarras... eso que queda esta muy lejos de la neutralidad. Sin embargo este doblaje se impuso como el estándar en nuestro país. Porque si bien siempre hubo material doblado localmente (en empresas como Alex o Tecnofilms) siempre nos sonaba raro si tenia una entonación local.

Hace unos meses nos enteramos de la relgamentación de la vieja ley de doblaje, votada en 1986,apenas cuatro años después de que la Academia Argentina de Letras finalmente aceptara el voseo, pero “siempre y cuando se conserve dentro de los límites que impone el buen gusto”. Es claro que pasaron muchas cosas desde 1986. Entre otras cosas, se puede considerar como muy positivas las gestiones de los canales estatales Encuentro y Pakapaka.
Cualquiera que tuvo hijos en edad de exposición catódica sabe del tormento que significa la atrocidad de esos programas neutralizados. El resultado son niños replicando el idioma de Elmo, Hi5, la casita de Mickey Mouse y el dinosaurio “te quiero io” Barney. La política de aquellos canales oficiales fue la imposición de un “argentino neutro”. Este “argentino neutro” no tiene nada que ver con el “castellano neutro”. El segundo es un supuesto grado cero de la forma de hablar en latinoamérica. El primero, el hipotético grado cero de la forma de hablar de argentina (porque, claro, en el país no se habla en todos lados de la misma manera). Ambas son construcciones ficticias, pero la pretensión de unificar el habla de 400 millones de personas -repartidas en más de 20 países que ocupan más de 20 millones de kilómetros cuadrados- es mucho mas delirante que la idea de hacerlo en un único país de 40 millones, todos regidos por el mismo sistema educativo, expuesto mas o menos a las mismas tradiciones y sometido a los mismos rayos catódicos.
Este “argentino neutro” -catalogado como “la variedad dialectal del español hablada en la mayor parte del territorio de la República Argentina”, aunque se escucha como un porteño moderado- es definido con precisión en los pliegos para la contratación de doblajes para el canal Encuentro: “el uso del voseo, su forma particular de yeísmo y un patrón de entonación marcadamente rítmico”. Incluso se precisa que sólo se puede dejar de usar el voseo “a modo de resguardar el contexto en momentos históricos” (bajo el supuesto de que el voseo es un asunto reciente, asunto discutible como dije mas arriba). Para entender la diferencia entre los distintos tipos de doblajes, por aquí se puede ver un episodio de la serie brasilera Cocoricó, que se ve en Paka Paka con doblaje en “argentino neutro” y otra versión con doblaje “español latino”, hecho en Venezuela.
Es decir, el asunto del habla nacional decantó en una medida de Estado específica y -creo yo- elogiable: el gradual reemplazo de un irreal “castellano neutro” por un “argentino neutro”, discutible pero más cercano. Lo notable es que se escuchan muchos compatriotas quejándose por este doblaje, como en este blog donde el autor se pregunta “¿por qué uno puede tragarse gustoso un programa doblado al mexicano o al español neutro, pero le parece insufrible que las voces sean de compatriotas?”. Las críticas a los doblajes argentinos de películas como Los Increíbles, Cars o Chiken Little en general fueron mas o menos aceptables, pero los comentarios del público fueron lapidarios. ¡También hay argentinos que se preguntan ¿Por qué es insoportable el doblaje argentino! El rechazo de las voces locales llegaron al colmo con se escucharon críticas al “doblaje” de Metegol, cuando estamos hablando... ¡de las voces originales de una película nacional!.
Evidentemente es una cuestión cultural, una combinación de la educación culposa y una costumbre decantada durante décadas y décadas de consumos televisivos de doblajes importados. Juan Sasturain, hablando de doblajes y traducciones, dijo una vez que “no se puede decir boludo en Los Angeles sin que todo se derrumbe”. Los chicos de Farsa Producciones lo procesaron de la misma manera con su saga Plaga Zombie. Según ellos mismos aclaran, todo se originó con New York Cop, una serie de cortos que hacían siendo pebetes que “trataban sobre un policía de Nueva York y, por consiguiente, estaban hablados en castellano neutro, como los doblajes”. Para varias generaciones criadas por el consumo de series norteamericanas -de la década del ´60 en adelante, digamos- lo verosímil es que en Nueva York y en boca de un yanqui se oiga un “préstame atención, Mike” y no un “prestame atención, Mike”. Pobre Mike ¡Si el tipo sólo entiende el inglés!

Darth Vader, Luke y la Ley de doblaje
Es claro que el objetivo primario del decreto que reglamentó nuevamente la dichosa ley es el de proteger a los trabajadores de la precaria industria del doblaje local, siempre atada a la volátil valoración del dólar en cada país de latinoamérica. Los contratos de doblaje vuelan hacia el país con la moneda local más devaluada. La ley 23.316 habla de “doblaje en idioma castellano neutro, según su uso corriente en nuestro país”. Lo del “castellano neutro” tal vez tendría un sentido en los ´80, cuando recién se aceptaba oficialmente el voseo (en 1982, repito) y cuando a nivel escolar se desechaba totalmente caer en un regionalismo. 25 años después, con ciertos cambios educativos -hay manuales escolares que empiezan a reflejar el habla real- y modificaciones culturales en los patrones de ciertos medios de comunicación -insisto con Paka Paka y Encuentro- decepciona y se entiende como un retroceso que en vez de “argentino neutro” se hable de “castellano neutro”.
Es interesante ver este Atlas interactivo de la entonación en español para ver la imposibilidad de encontrar un punto intermedio entre todos los matices del habla al sur del Río Grande. Entonces elegir decir “auto”, “carro” o “coche” es el detalle menor. Hay tonadas, giros, formas verbales que escapan a las meras sutilezas de léxico. Sin embargo se insiste con meter en una bolsa, apelmazar las diferencias y sacar una versión unificada y estandarizada. Evidentemente es una gran negocio para las grandes distribuidoras de cine y los emporios de la TV paga. Minimizan costos, maximizan ganancias. Así es el mercado. Lo verdaderamente grave de esto es que aquí, en Argentina, en vez de limitar una práctica que termina empantanando los cerebritos de millares de niños, se imponga por LEY ese mexicano destilado como “lengua oficial” (sic).

Hay varias cosas para reprobar de este idioma ficticio, entre lo más fulero es que el “castellano neutro” no neutraliza el país origen del doblaje, pero si lo hace con las diferencias sociales y los matices culturales. ¿Acaso es lo mismo que Jesse Pinkman le diga a Walter White, agarrándose las partes íntimas, "Speak into the mic, bitch!" que el "¡Háblele al micrófono, maníático!" de la versión doblada en “español latino”? En neutralandia los yonquis hablan igual que un prolijo profesor de secundaria. La forma de no hacerlo -lo vi en algunas películas- sería recurrir al slang de los bajos fondos el DF.

Por eso yo en lo personal prefiero ver películas y series subtítuladas. Pero la nueva regulación no contempla excepciones en los canales con base en nuestro país: todo el material que emitan debe ser doblado. Lo preocupante es que Canal 7 pasa muchas películas subtituladas en ciclos invaluables. ¿Que pasará con ellos? Gente que trabaja en el tema asegura que habría una ventana en la Ley de SCA, pero eso habrá que verlo.

Los canales de base externa (casi todos los de cable) pueden seguir al margen de la ley, como lo vienen haciendo sistemáticamente al cortar y censurar películas a rolete. Pero a pesar de no estar regulados, todos están tendiendo a doblar el material que pasan. En riguroso “neutro”, como te imaginarás.
Quedará para discutir en otra ocasión la “neutralidad” del subtitulado.

Lo que hay que decir de la regulación de esta ley, es que el público reaccionó mayoritariamente de manera exactamente contraria a la mía. Las preocupaciones y chistes twitteros ironizaban de que ahora todos los doblajes fueran en “argentino”, tipo “Luke, yo soy tu viejo”.
No se, no descarto estar equivocado, para variar. Pero huelo una contradicción en una sociedad que se rasga las vestiduras por que se empieza -antitradicionalmente, parece- a festejar Halloween y, paralelamente, se manifiesta para que los doblajes no sean "en argentino".

Para terminar
No tengo nada en contra del doblaje mexicano. La discusión tampoco pasa por decir que los porteños somos macanudos y hablamos a la perfección... o absolutamente todo lo contrario. Hablamos así, y punto. Es probable que no sea un habla que guste en otros países. O, incluso, que no guste en importantes zonas de nuestros propio país.
La discusión, en realidad, es porqué carajos históricamente negamos y/o reprobamos nuestra propia forma de hablar. Lo hicimos en 1830, en 1900, en 1928, en 1943, en 1986 y ahora en 2013. Y la pregunta es como, a pesar de todo, nuestra voz resiste. Se pianta cuando la quieren atrapar entre las tapas de un diccionario, se mantiene a pesar de los decretos de los generales, aguanta aunque la ninguneen en las escuelas, se planta cuando pretenden “neutralizarla” en los medios de comunicación. Pasaron casi dos siglos de aquellos chicos que gritaban por la calle “vení” y “corré”, como anotó compungido Juan Cruz Varela. ¡Y ahora los chicos siguen gritando lo mismo!
No se si existirá el famoso Ser Nacional (concepto por el cual se han urdido algunos de los actos más perversos de nuestra historia) y probablemente no importa si lo hay. Pero si la idea es buscar alguna vez algo parecido a una identidad, definitivamente nunca la vamos a encontrar si nos hacemos los boludos sobre como suenan nuestras propias voces.





[1] Citado por María Beatriz Fontanella de Weinberg  en El voseo en Buenos Aires en las dos primeras décadas del siglo XIX  Thesaurus : boletín del Instituto Caro y Cuervo, 26 (3). pp. 495-574.
[2] Citado en Katharina Link.  El yeísmo bonaerense - un análisis sociolingüístico http://www.narr-studienbuecher.de/downloads/spanische_sprachwissenschaft/musterhausarbeit_235.pdf
[3]Miranda Lida, “Entre los despojos del peronismo. Esplendor y ocaso del  Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires (1927-1946)”, Temas  de historia argentina y americana, no. 16 (2010), http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/despojos-peronismo.pdf

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11.30.2013

Nota por los 25 años de Fm Fenix

Fm Fénix cumplió 25 años, y Clarin San Isidro publicó una notita mencionando el asunto.

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7.04.2010

El bulo de merlín - audio recuperado

Casi de casualidad llegué al blog Malas Palabras, que recorre la historia de la mítica radio El Bulo de Merlín, uno de los pilares de la radiodifusión libre, alternativa, trucha, de baja potencia o como se la quiera etiquetar. Entre algunos datos que no sabia y otros que no recordaba, se apunta alli que "hoy nadie se acuerda de la caída de este bulo, no existen textos, ni grabaciones en la red, sus protagonistas tampoco hablan de esos días".

Al Bulo lo acompañé como oyente durante su breve existencia. Su aparición coincidió con una época –tendría unos 14 años– en que me encerré a ver películas, leer y escuchar radio. Y esta era mi emisora de cabecera.

Pero mas allá de la anécdota personal, creo que lo importante es que cuando releía eso de que no había grabaciones… ¡Me acordé que yo había grabado varias cintas! No se exactamente porque registré esos momentos. No se si para volver a escuchar la radio que me tenia como fan (no lo hice hasta ahora, veinte años después) o porque tenía cierta conciencia de que era algo que con el tiempo sería histórico. Como sea, había unos casettes para recuperar.

Aqui va un paréntesis para la odisea de encontrar los dichosos registros sonoros grabados en 1988, guardados en una caja así y asá que yo creía haber perdido en una mudanza y que mi mujer había visto al fondo de un placard. Se puede agregar la dificultad para reconstruir los casettes –uno no giraba, el otro no tenia almohadilla– y los problemas para encontrar un grabador que funcionase. Otro paréntesis para el avance de la tecnología, que nos deja en banda años de archivismo análógico. Hace poco estuve revolviendo otras cajas llenas de casettes de video, cuando encontré lo que quería resultó que la maquina vhs ya no me anda más.


Finalmente, logré digitalizar el material. Y, la verdad, se escucha para el orto. Los casettes eran malos, fueron grabados varias veces y fueron guardados por dos décadas en zonas probablemente húmedas y polvorientas. Para peor, en mi casa a veces se metían ruidos de interferencias en las propias emisiones. Como sea, creo que es un material histórico (¡al menos hasta que alguien aparezca con una mejor copia!)

La Radiodifusión Trucha

Una de las primeras cosas que hace Alfonsin cuando asume fue suspender los concursos para acceder a las frecuencias de radio. El gobierno militar había hecho, como era de esperarse, algunos negociados turbios con algunas licitaciones. Ademas el plan de frecuencias (PLANARA) era bastante discutible. La idea era barajar y dar de nuevo, con una nueva ley de radiodifusion. Pero eso nunca llegó a hacerse, probablemente por presión de ARPA y demas simpáticas banditas. El espectro de Amplitud Modulada lo ocupaban los de siempre y la FM fue acaparada por sucursales de esas mismas AM.

Ahora es dificil de imaginar, pero las radios de FM solo (SOLO) ponian "música de FM", musica… de sala de espera. La voz humana sólo se limitaba a anunciar los temas y decir la temperatura. La opinión, el debate y las risas eran territorio de las AM, que sacando notables excepciones, era un territorio demasiado rígido, dominado por los dinosaurios del tango y el turf.

Pensemos que hacia 1985 la Argentina tenía solo 7% de su espectro de FM en uso. Sin embargo no se crearon las herramientas democráticas para ocupar ese espacio con amplitud y pluralismo. En ese clima de efervescencia democrática de los ´80, había necesidad de expresarse. Y necesidad de escuchar otras voces. En ese contexto el dial fue tomado por asalto. Poner una radio era relativamente barato (con muy pocos watts se podían tener coberturas increíbles, un microfono, unos tocadiscos, la consola del primo disc jockey, algunas hueveras del almacen de la esquina... y listo) y cientos de emisoras se empezaron a abrir en todo el país. El dial se abrió y se democratizó. Los resultados fueron contradictorios y heterogéneos. Pero frente a la vieja radio, pasteurizada, homogeneizada y con menos de diezmil bacterias por centimetro cuadrado, el resultado fue indudablemente positivo.

El Bulo
Un grupo de pibes –creo que en su mayoria estudiantes de ciencias de la comunicación- toman un garage de una casa de olivos y se armaron una radio. La idea era hacer radio sin red y sin buscar imitar las viejas formulas. Sin voces con “carnet”. Transmitian inicialmente de jueves a domingo algunas horas por la noche.

Empezaron por el 92.7 (la frecuencia de municipal!) y fueron decomisados. Tuvieron una segunda época en el 91.2 (!)

Tenian un grupo de oyentes, “Los testigos de merlín” y una promoción basada en el boca a boca. Apenas duró un poco mas de un año en el aire, sin embargo dejó un huella significativa.

En el blog que mencioné hay mas sobre su historia, algunos audios y también aparece el testimonio de uno de sus fundadores, Fernando Collazo, que resume el concepto de la radio: "El Bulo de Merlín fue, primero que nada, un ejercicio de libertad de expresión, un espacio de experimentación comunicativa (…) fue tan importante en aquel momento, precisamente porque sólo podía ser de esa manera: analógico, simple, creativo, pobre, amateur, puro. Uno de nuestros slogans nos definía muy bien: una radio artesanal, atendida por sus propios dueños”.

Audios Recuperados

Separador “Frank Zappa”

Un ejemplo de la artística de la radio, que tambien muestra su marcado eclecticismo y elitismo musical. En los tiempos del “Ritual de la Banana” en el Bulo te ponian Frank Zappa, Leo Masliah, King Crimson o Weather Report. Con suerte algo de The Police o Talking Heads.













Apertura de La Inevitable Derrota
El mascarón de proa de la radio era este programa, que fundamentalmente tenía mucho humor. Es esta época ya se había fusionado con el programa musical Los Malditos. Siempre terminaba con el final de Ya el sol asomaba en el poniente de Les Luthiers, ese que dicePerdimos, perdimos, perdimos otra vez”.















El Rally del dial

Los sábados tenian el programa ómnibus Bondi, que proponia diversos juegos. El mas popular era el Rally del Dial, una serie de carreras por el dial buscando ciertas temas en otras emisoras. Divertidisimo, pero obviamente a nadie se le ocurrió volverlo a hacer. En estos tiempos es tabú proponerle al oyente que mueva el dial.

















La Lámpara Magica
De este programa no me acuerdo mucho, para ser sincero. Sospecho que se llama así por el separador que cierra este delicioso ejemplo de la lugarcomunmente mencionada como “magia de la radio”.


















La Revolución
Asi se anunciaba el final de la radio. Con cierto misterio, pero los oyentes ya sabíamos de que se trataba.















Fin
Estos son los segundos finales de la radio. No creo que haya forma mas digna de terminar algo que reservándose para uno mismo el momento de hacerlo implotar .
















Epílogo
Cuando cerró, quedé un tiempo bajoneado. Mi viejo me vio así y saltó con una de sus tradicionales salidas: "pongamos una radio nosotros", dijo. Y de ahi salió Fm Fénix, una radio que lleva casi 22 años. Una experiencia con varios errores y un puñado de aciertos, mucho más incoeherente y crontadictoria, más “sistémica” y menos explosiva que el Bulo. Pero a pesar de las diferencias, también tiene su aporte a la libertad de expresión.

Y, en definitiva, la idea pasa por ahí. Si logramos mantener un poquito de la libertad, el caos, la creatividad y la independencia del Bulo, ya podemos darnos por satisfechos.

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